Si usted desea tener un fiel reflejo de la decadencia, la ruindad moral y el impacto económico causado en la sociedad en estos últimos diez años, fije la mirada simplemente en el llamado microcentro de Rosario, especialmente en la plaza Montenegro, en derredor al Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, y en la plaza Sarmiento, en modo especial en el entorno de la llamada “Fuente de los patos”. En ambos lugares verá aflorar la miseria en todo su esplendor, y parece relumbrar aún más esa frase que han pretendido borrar en uno de los flancos de la estatua del prócer que aludía a la exaltación de la barbarie. Con personas divagando en estado deplorable de promiscuidad, una atmósfera de latente aroma a orina y materia fecal, perros vagabundos y palomas por doquier, que muchas veces y por suerte son el deleite de pequeñas criaturas. Como se suceden los días, muchas veces pensamos qué será del destino de esos niños, ante el despliegue apresurado de los transeúntes y la desidia actual de los que gobiernan en todos los estamentos del Estado de este país, que no tienen ni idea de cómo hilvanar un futuro promisorio para todos los argentinos.






























