Pasaron las elecciones 2013, realmente convertidas en un "pasodoble" las Paso, para olfatear el olor ciudadano, y la elección luego, para confirmar que el aroma no cambió, con costos innecesarios. Es momento de reflexionar. Los políticos, por egos personales, intolerancia y mediocridad, son incapaces de seleccionar sus candidatos democráticamente dentro de su mismo espacio ideológico y optan por transferirle la responsabilidad a la ciudadanía, que a diferencia de ellos, no conoce a los personajes que disputan poder y candidaturas. Luego se ufanan de ser ellos los inventores de esa "solución" democrática. Imponen a los ciudadanos la elección de personas -exceptuando las pocas figuras públicamente expuestas- de las que desconocen su moral, conducta, formación cívica y educativa. En un escenario donde los personajes saltan sin inmutarse de una "barra" a otra con la destreza de trapecistas, los ciudadanos podemos cometer serios errores al elegir. Los legisladores tienen la responsabilidad de corregir mediante leyes consensuadas esta deformación del sistema electoral y buscar evitar la dispersión de quienes comparten un mismo espacio ideológico.






























