La actividad minera en Argentina desata un intenso debate por las condiciones de trabajo, el impacto ambiental, la presencia del Estado en los controles, la sustentabilidad y la defensa de los bienes comunes.
“Los mineros corren más riesgos psíquico-físicos en la minería subterránea, que en explotaciones llamadas «a cielo abierto»”, señaló Raúl Fernández, titular de Geología de Minas de la universidad de La Plata.
“La principal causa de accidentes, muchos fatales, se debe a la caída de rocas y derrumbes. Es una tarea que se realiza en lugares cerrados, estrechos, con vías de escape restringidas, luz artificial y ventilación forzada”, indicó el geólogo a La Capital.
Sobre las características de la extracción, dijo: “Hay minerales que sólo se pueden extraer a cielo abierto por estar diseminados. Pero, si están muy profundos, se pueden sacar por túneles ”.
“La explotación subterránea –detalló– requiere ingeniería de túneles, transportes de materiales y personas para la tarea bajo tierra. Se debe preparar a la mina y consumir mucha energía. Es tres veces más costosa que la practicada a cielo abierto”.
También resaltó que “se avanzó en minimizar y hasta eliminar los riesgos. Hay inversiones, normas de trabajo y capacitación. Pero los accidentes no desaparecen”.
“Desde 2007 rige un reglamento para el área, leyes de seguridad laboral y se exige un comité conformado por la empresa, trabajadores y el Estado”, explicó.
El geólogo, subdirector del Instituto de Recursos Mineros de la universidad platense, indicó que “las provincias son las que otorgan permisos de explo- ración de acuerdo a los informes sobre el impacto ambiental”.
Admitió que la entidad no hace peritajes y que es una institución de investigaciones científicas. “A veces nos piden informes sobre impacto ambiental, pero son autoridades provinciales las que aprueban los proyectos”. Sobre la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), que enfrenta a las explotaciones a cielo abierto, Fernández indicó: “Les falta rigurosidad, no hemos tenido contacto con ellas”.
“La minería es necesaria como el alimento. No todo el oro es para joyas, un 20 por ciento va a la industria, materiales quirúrgicos. Se explota porque alguien la compra”, resaltó.
Montañas trituradas. “Cuando no hay más vetas de oro se vuela una montaña para molerla. Luego, con sopas químicas extraen de la roca oro, plata y minerales estratégicos que ni han sido clasificados por la cuestión impositiva”, dice Alejandro Yanniello, de la Asociación Ecologista Piuke, de Bariloche.
“La roca se muele hasta que queda como harina. Entonces, por ejemplo, el cadmio (metal pesado usado en la fabricación de baterías y plaguicidas), al disolverse en el agua resulta contaminante”, explicó Giannello. Con su grupo integra la UAC y cuestionó la falta de control y corrupción en el tema.
Por su parte, Javier Rodríguez Pardo, autor del libro “Vienen por el Oro”, señala que “en la mina chilena la explotación es subterránea porque el mineral se halla concentrado. Pero si algún técnico dice que la minería de socavón es más segura que la realizada a cielo abierto es por no conocer el tema o por defender algún interés especial”.
“El negocio está en obtener más rápido la ganancia”, afirmó el especialista de Movimiento Antinuclear del Chubut y uno de los fundadores de la UAC.
“La minería se realiza para usar metales, pero se debe debatir qué minerales se necesitan, en qué se utilizarán, cómo se extraen y en qué país se quieren aplicar”, sostuvo el ambientalista, desde Esquel, donde en 2002 la población rechazó en un plebiscito a la megaminería.






























