Los investigadores adhieren ahora con entusiasmo a la teoría, basada en serios indicios, de que la aviadora Amelia Earhart y su navegador Fred Noonan podrían haber aterrizado con el avión con el que circunvolaban el planeta y así sobrevivir como náufragos en la isla deshabitada de Nikumaroro, en la República de Kiribati.
La búsqueda que dio con restos que se presumen de Earhart también permitió el hallazgo de una pequeña botella fabricada en Nueva Jersey en 1933, una postal impresa en Pennsylvania a mediados de la década de 1930, y un cuchillo de bolsillo roto de la misma marca que figuraba en un inventario de las aeronaves de Earhart.
Los trozos de huesos están siendo analizados en los laboratorios de antropología de la Universidad de Biología Molecular de Oklahoma para determinar si contienen ADN humano. Los resultados serán secuenciados con muestras del ADN de Earhart .
Los científicos confían que la aviadora no murió al caer su avión. Ahora se inclinan a pensar que terminó sus días en Nikumaroro.
Earhart y Noonan pudieron haber sobrevivido durante un tiempo, pero finalmente sucumbieron a lesiones o infecciones, o por la sed.
Esta teoría es también respaldada por registros de la entonces colonia británica de Fiji, que dan cuenta del descubrimiento del esqueleto parcial de un náufrago, fallecido poco antes de que la isla fue colonizada en 1938.
Amelia había completado 33.000 kilómetros en treinta días. Su avión desapareció en medio de un temporal el 2 de julio de 1937, cuando realizaban la penúltima etapa del viaje, desde Lae (Nueva Guinea) a la isla Howland (Australia).






























