El juicio oral por jurados populares que se le sigue en Córdoba al subcomisario
Claudio Carlos Blaser, quien hasta mayo de 2007 fue jefe de la comisaría de Villa Cañás, entrará
mañana en la segunda semana de audiencias. Y la atención se centrará en los testimonios que
brindarán familiares y vecinos de Víctor Hugo Moyano, el hombre al que el uniformado santafesino
fue a buscar hasta su casa de la capital mediterránea bajo la acusación de liderar una banda de
ladrones, y que asesinó con un tiro en la cabeza.
En tanto, durante la primera semana del juicio se escucharon las declaraciones
de los policías de la División Robos y Hurtos que acompañaron a Blaser hasta el lugar donde del
allanamiento que derivó en el crimen. Entre esos testimonios sobresalió el del subcomisario José
Alejandro Juárez, quien defendió a su par santafesino.
Es que el eje del debate en torno a la acusación que pesa sobre Blaser, la de
homicidio calificado, está puesto en si la muerte de Moyano fue en exceso de legítima defensa o si
fue directamente un caso de gatillo fácil. En este sentido, el oficial cordobés —quien fue la
primera persona en acercarse al auto que conducía Moyano al ser muerto—, sostuvo ante el
Tribunal de la Cámara 4º del Crimen: "Allí ví que había un revólver sobre el asiento".
Versiones cruzadas. Para el policía cordobés, su colega santafesino se defendió
ante el presunto ataque que iba a sufrir, a pesar de que varias voces le dieron la voz de alto a
Moyano e incluso hubo un disparo intimidatorio. "Lo dicho por Juárez una vez más demuestra que
Blaser sólo quiso defenderse", indicó al respecto el abogado Alejandro Pérez Moreno, defensor del
ex titular de la comisaría de Villa Cañás.
El testimonio del oficial Juárez se sumó al de los otros policías que estuvieron
en el lugar de los hechos y que se escucharon durante la semana pasada en la sala de audiencias
donde se ventila el caso ocurrido en mayo de 2007. Todos ellos parecen haber actuado
corporativamente y "favorecieron" la posición del santafesino.
Por su parte, para el abogado querellante, Marcelo Guitman, "la prueba
científica pericial demuestra que el arma (secuestrada del interior del auto de Moyano) no tiene
huellas de la víctima", e insistió en que la misma fue "plantada para favorecer la posición de
Blaser".
Además, Guitman sostuvo que, por la reacción que hubo en los vecinos tras la
muerte de Moyano, Juárez y Blaser debieron huir de la escena del crimen en medio de un fuerte
operativo policial. "Está claro que la gente del barrio identificó a quién tiró". Esa gente, entre
quienes se encuentran las hermanas de Moyano y unos 20 habitantes de la zona, empezarán a declarar
desde mañana en la sede tribunalicia cordobesa.
El crimen. El 31 de mayo de 2007, poco después de las 7 de la mañana, Blaser
llegó a Córdoba junto al oficial subayudante santafesino Damián Hoppeler. Acompañados de seis
efectivos de Robos y Hurtos cordobeses fueron hasta la vivienda de Cochabamba al 2700, en el barrio
Yofre Sur, para detener a Víctor Hugo Moyano, ex jugador de fútbol del club Instituto y por
entonces empleado de un supermercado. Todos los agentes iban de civil y llevaban una orden firmada
por el juez de Instrucción de Venado Tuerto, Hugo Perassi, en la que se acusaba a Moyano de liderar
una banda de ladrones que operaba en Villa Cañás y otros pueblos del sur provincial.
Al arribar, los policías fueron atendidos por la madre de Moyano, quien a esa
hora ya se encontraba trabajando. La mujer, al ver la orden judicial llamó a su hijo y le pidió que
fuera hasta la vivienda. Pero Moyano no alcanzó a llegar. Blaser lo mató de un balazo en el cuello
tras interponerse al paso del Fiat Duna que conducía el cordobés, a metros del lugar donde iba a
estacionar y delante de la casa de sus padres.
Desde entonces, familiares y vecinos de Moyano sostuvieron que el muchacho fue
víctima de un caso de gatillo fácil y que fue asesinado sin que mediara peligro alguno para el
policía santafesino. Además, denunciaron que tras el crimen un agente cordobés plantó un arma junto
al cadáver para ensuciar la escena y presentarla como un crimen en defensa propia.