"El Papa Francisco sancionó al cura José Mercau, condenado a 14 años de prisión en 2011 por ‘delitos de abuso sexual y corrupción de menores', con la dimisión del estado clerical, que lo deja privado de todo el ejercicio del ministerio sacerdotal, informó el Obispado de San Isidro, Buenos Aires. Mercau estuvo alojado en el penal donde está preso el cura Julio César Grassi, también condenado por abuso sexual infantil. Un día el cura apareció con el abogado de Carrascosa, pactó un juicio abreviado y le dieron 14 años por cinco casos de abuso sexual comprobado. Las víctimas pactaron con el Obispado una compensación económica en tres tramos, y justo cinco días después de que se les abonara la segunda cuota, Mercau fue liberado. La contribución oficial al sostenimiento de la Iglesia Católica se ha mantenido, en los últimos años, entre el 0,04 por ciento y el 0,09 por ciento del presupuesto nacional; en 1988 representaba aproximadamente 4,2 millones de dólares. Pero son los fondos que reciben del Estado en concepto de subsidio para sus establecimientos educativos, los que concentran el interés de los obispos. En la actualidad, la contribución del Estado a los colegios y universidades católicos representa el mayor ingreso que recibe la Iglesia argentina de fuente oficial. Si bien no puede establecerse el monto preciso, un cómputo de diversas fuentes proporciona un total superior a los 113 millones de dólares, que procede exclusivamente del presupuesto nacional; sin considerar las asignaciones provinciales y municipales. Las ofrendas de un domingo de cada mes son dedicadas al sostenimiento del Obispado. Otro recurso de las parroquias es el cobro de los servicios religiosos, motivo de permanentes debates y críticas. Las misas, bautismos y casamientos aparecen tarifados con precios dispares, relacionados generalmente con el supuesto estatus de cada iglesia. Casarse en un templo de barrio puede significar una modesta o nula erogación; en cambio, en la aristocrática Parroquia del Socorro, implica unos 100 dólares, más las flores. En la intimidad, algunos sacerdotes reconocen que el ser designado párroco de una iglesia con prestigio social e importantes recaudaciones se considera un ascenso en la carrera eclesiástica y un escalón hacia el Obispado". Conclusiones: Excelente la iniciativa del Papa de dejar de esconder la "basura" bajo la alfombra eclesiástica (dinero que pagaba el Obispado para acallar las víctimas). Inconcebible que los familiares de niños abusados acepten del Obispado un "pacto económico" a cambio del silencio que pesará toda la vida en sus niños violados. Indirectamente con nuestros impuestos al mantener a la Iglesia, estamos avalando la corrupción de estos pederastas. Jerarquías y estatus económico que tendrá que neutralizar el Papa, en la ardua tarea que tiene por delante de limpiar la imagen de la Iglesia corrupta.






























