“Siento frío en la espalda”, fue el dicho de advertencia que acompañó la denuncia de “espionaje” por parte de EEUU hacia el resto del mundo. La mayor potencia mundial, capaz de mantener el equilibrio de fuerzas de toda índole, ante los intereses políticos orientales, nunca ha dejado de vigilar en su beneficio las potenciales amenazas que pueden afectar al planeta, y aunque no simpaticemos del todo con ello, deberíamos agradecer la protección que recibimos y respetar el liderazgo que ostentan como sombra protectora a nuestras debilidades. Si a nuestra mandataria, ilusionada con aventuras izquierdistas, le desagrada esta actitud, debiera tolerarla como inevitable y aplicarle la paciente espera que nos merecemos, como todo niño descarriado hacia las actitudes disciplinarias de su progenitor, que con el tiempo lo llevarán a su desarrollo pleno como Nación y a dejar de quejarse contra el que los protege de verdaderos enemigos hambrientos. Mucho más loable sería que observáramos hacia adentro del país y procuremos mejorar la situación en que hemos caído por incapacidad política, falta de planes de desarrollo, falta de inversiones, falta de incentivos para la industria, el campo, la educación y la salud, sean las que merecemos. Y que los funcionarios venales sean reemplazados y juzgados; que se respeten la Constitución y las leyes, pagando a los jubilados, combatiendo la inflación que nos degrada. Y así lograremos que la señora presidenta deje de “sentir frío en la espalda” por ninguna razón válida. Particularmente creo que cumpliendo los dos últimos objetivos, ella podrá recuperar el calor que le falta y logrará la máxima acción de reconocimiento que toda la Nación le debe a sus postergados pasivos, sumergidos en la pobreza al final de sus vidas.






























