Política

La renuncia de Chacho Alvarez, el comienzo del fin de la Alianza

A veinte años de un hecho que agravó la crisis política que terminaría con la caída de De la Rúa, su decisión todavía genera interrogantes y debates.

Miércoles 07 de Octubre de 2020

A veinte años de su renuncia como vicepresidente, la salida de Carlos Chacho Alvarez del gobierno de la Alianza todavía genera interrogantes y debates sobre sus causas y los objetivos buscados por el líder del Frepaso. Sin embargo, algo es seguro: fue el comienzo del fin del mandato de Fernando De la Rúa, que ocurriría 14 meses después.

El archivo periodístico cuenta que el 6 de octubre de 2000 fue un día vertiginoso, cargado de rumores, roscas y llamados desesperados. Alvarez interpretó el apoyo de De la Rúa a los principales funcionarios implicados en el escándalo de las coimas en el Senado para aprobar la ley de flexibilización laboral como la última estocada de una criatura política de la que se sentía cada vez más ajeno, pese a ser uno de sus creadores.

Para el politólogo Andrés Malamud la jugada del Chacho “fue una decisión personal respetable y una decisión política imperdonable”.

El politólogo Marcelo Leiras recuerda el episodio como un momento muy preocupante y muy triste de la historia argentina. “Había mucha esperanza depositada en ese gobierno de coalición entre la UCR y el Frepaso”, sostiene el docente de la Universidad de San Andrés.

El problema, remarca Leiras, es que la división de los cargos entre los socios se montaba sobre la hipótesis de que Graciela Fernández Meijide sería la gobernadora de la provincia de Buenos Aires. “El triunfo de Carlos Ruckauf dejó a la coalición muy desbalanceada, el Frepaso tenía muy poco peso en el gabinete y muy poca influencia en el gobierno”, advierte.

Por su lado, el politólogo Facundo Cruz, coordinador de la licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Uade. considera que la ida de Alvarez muestra tres cosas: “En primer lugar, un estilo de liderazgo sin tanto consenso con su entorno. En segundo lugar, el Frepaso era un partido no muy institucionalizado, era más bien una confederación de partidos, pero a pesar de la salida del Chacho el partido en ese momento no se desarmó y continuó su apoyo a la Alianza hasta los últimos días. Finalmente, la renuncia pone de manifiesto que él representaba al socio menor de la coalición y nunca se sintió cómodo con ese rol. En contraste, la UCR expresó diferencias en Cambiemos pero nunca salió”.

La politóloga y docente de la UNR Lourdes Lodi introduce otros dos elementos. Uno es las personalidades de los líderes: cree si la vice hubiera sido Fernández Meijide, quizás más compatible con De la Rúa, las cosas podrían haber sido diferentes. El segundo es institucional: a diferencia de lo que sucede en los regímenes parlamentarios, donde las coaliciones son claves para la estabilidad, en los presidencialismos las alianzas son necesarias en las elecciones pero no hay garantía de que se trasladen al gobierno. “Luego de la reforma constitucional del ‘94 el sistema argentino es hiperpresidencialista, porque es el presidente el que tiene el poder de decisión, por ejemplo en el armado del gabinete, que fue uno de los detonantes de la crisis”, evalúa la titular del Observatorio Político Electoral de la UNR.

Lo cierto es que más allá de las causas internas de su decisión, los chispazos entre dirigentes y la ingeniería institucional, la partida del Chacho marcó un quiebre en la gestión de De la Rúa y un desgaste frente a un segmento no menor de su base de apoyo, en el marco de una economía que seguía un espiral descendente.

“Fue el fin de la ilusión aliancista —sostiene Malamud—. En gobiernos que no consiguen resultados materiales, mantener la expectativa es condición de supervivencia”.

De todos modos, a dos décadas de su decisión todavía persiste el interrogante: ¿Por qué lo hizo?

Lodi rescata dos conceptos de uno de los fundadores de las ciencias sociales modernas: el alemán Max Weber. “Al irse levantando la bandera de la transparencia, Chacho se dejó guiar por la ética de la convicción y no por la ética de la responsabilidad, porque sabía que ante un gobierno ya debilitado esto iba a disparar una crisis de gobernabilidad aún mayor —afirma—. También dejó en evidencia su incapacidad para gestionar el problema desde adentro, dialogar y resolver el problema de la corrupción”.

Cruz considera que Chacho apostaba al operativo clamor, para renegociar luego el poder interno en la coalición y el rumbo del gobierno. “Fue un error de cálculo estratégico —analiza—. Hubo algunos intentos para que volviera como jefe de Gabinete pero la relación con De la Rúa estaba rota”.

Por el contrario, Leiras cree que la movida no fue parte de un cálculo. “En años posteriores él dijo que tenía la convicción de haberse equivocado en la conformación de la Alianza en 1997, que se apuró y le pagó pagó más a la UCR de lo que valía —recuerda—. El segmento no peronista del electorado estaba esperando una alternativa competitiva, había una presión muy fuerte durante la segunda presidencia de Menem para que se forme una coalición de este tipo”.

Autoeyectado del gobierno, después de la crisis de 2001 —en la que podría haber terminado sentado en el sillón de Rivadavia— el ex vicepresidente alterna la actividad académica con la diplomacia, siempre con perfil bajo. Malamud es terminante: “La carrera política de Chacho se terminó ahí”.

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