Antes de comenzar: esta columna tenía como gran virtud la constancia. Espero que
alguien haya notado que la semana pasada no hubo una actualización, y uno de los culpables es un
blog adictivo que se llevó buena parte del tiempo que dedico a escribir. Es
"El
diario de un nerótico", de un "joven argentino" que se hace llamar Elemental y que decidió
contar en su blog con lujo de detalles cada una de sus fallidas experiencias románticas en la
búsqueda del amor de su vida. Ya sea que se trate de una fantasía muy bien narrada y entretenida o
sus verdaderas desventuras, vaya entonces una recomendación con mucha cautela, ya que resulta
adictivo.
Dicho esto, pasemos al tema de esta columna. Encontré mucha gente que asegura
que la red social
Facebook
representa algo así como el definitivo fin de la privacidad en internet. No tenía una cuenta en
Facebook, por lo que decidí poner manos a la obra para comprobar si realmente los temores son
fundados.
Facebook es una herramienta social que "conecta personas con sus amigos y otras
personas que trabajan, estudian y viven cerca de ellos". Y para hacerse amigo de los amigos de mis
amigos. Lo cual, a primera vista, suena como exponer los detalles de mi vida ante propios y
extraños. Un poquito más que en un blog.
Primer paso: los formularios de registro. Me piden mi fecha de nacimiento, una
dirección de mail (tengo una en Yahoo! que utilizo para los servicios en línea y, como era
previsible, está inundada de spam), la escuela en la que hice la primeria, si terminé
la facultad, y muchos otros datos personales. Pero hay detalles que suenan, al
menos, extraños: es normal que pregunten si soy hombre o mujer (no son pocos los que pasan por
Facebook buscando pareja) pero también quieren saber cuál es mi afinidad política y mi
religión.
También me proponen activar Facebook Móvil, para recibir mensajes de texto en el
celular. No parece ser una buena idea divulgar un número telefónico. Puedo añadir además mi nombre
de usuario en Google Talk y Skype (servicios de telefonía por internet), Windows Live, Yahoo!,
Gadu-Gadu (juro que es la primera vez que lo
escucho) y hasta ICQ (toda una antigüedad).
Pero mi perfil también me permite definir el nivel de seguridad para cada
elemento del sitio, es decir: que mis datos estén a la vista de mis amigos (mis contactos en
Facebook), de los amigos de mis amigos (o sea, cientos de personas) o que nadie pueda verlos. Suena
razonable.
Mi perfil se puede ampliar con actividades favoritas, intereses en general,
música (voy con Prince y Miles Davis, sólo para no hacer una lista interminable), series de
televisión (por supuesto, "Lost"), películas (siempre pongo "Brazil", de Terry Gilliam, ahora
también voto por "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos"), libros ("The Lord of the Rings",
segunda lectura; "El interior", de Caparrós, todavía inconcluso), mis citas favoritas (¿citas
favoritas? ¿Vale poner un chiste de Groucho, o alguien es original?) y, como si fuera necesario,
termina con un "Acerca de mí". ¿Es que no fue suficiente con todo este formulario?
Ahora sí, vamos por lo primoridial en estos sitios de redes sociales: los
contactos. Más allá de que alguien me elija al azar, puedo darle a Facebook mis direcciones de mail
(y mis contraseñas...) para que busque en mis libretas de direcciones. Encontró siete contactos
míos que ya tienen cuenta en Facebook (es verdad, no tengo muchos amigos), pero no se agregan de
inmediato a mi lista de "amigos", sino que ellos deben confirmar si me aceptan (espero que
sí).
El paso siguiente era inscribirme en alguna red existente. Encontré varias de
argentinos, otras que comparten mis gustos musicales y cientos apoyando al campo, pero no pude dar
con una para rosarinos, por ejemplo. Hay un grupo que se llama "No entiendo el Facebook". Por las
dudas, creo que me voy a apuntar como el miembro número 102.
Hay miles de gadgets, pequeños
programitas que cumplen alguna función específica. El más curioso que encontré es uno que
me permite saber si alguien en Facebook habla de mis contactos en Gmail. Este sí que es digno de un
paranoico metido a investigador privado o, para decirlo claramente, muy botón.
Mucho más no tenía por hacer más que esperar la aceptación de mis amigos, por lo
que subí algunas fotos de mi último viaje a Rio de Janeiro: comiendo feijoada, en el Maracaná, en
la playa y en el bar Garota de Ipanema. Suficiente.
Al día siguiente, la cartelera de noticias sobre mi actividad en Facebook (una especie de diario
sobre mi vida online) me anunciaba: "Hernán y Lisy ahora son amigos". Ya lo sabía, pero aquí parece
que la amistad tiene una nueva acepción.
Recién me estoy familiarizando con Facebook y sus cientos y cientos de
aplicaciones, funciones y personalizaciones, pero no parece representar una invasión a mi
privacidad, al menos no mucho más que Blogger, MySpace o incluso YouTube. Hay quienes
desconfían de ciertos
puntos oscuros de los "términos de uso" y las "políticas de privacidad" del sitio, tal vez
con cierta razón. Sin embargo, ¿alguien tiene la certeza de que otras redes sociales, sitios de
webmail o demás servicios de internet no han divulgado, por ejemplo, nuestros hábitos de compra o
los sitios que visitamos con mayor frecuencia?
Un amigo suele estar al día con este tipo de servicios. Le pregunté si tenía
cuenta en Facebook. "Ni loco", disparó. El motivo era uno solo: "¿Y si mi novia me pesca en off
side? ". Conlusión: si alguien tiene algo que esconder, Facebook parece ser el peor lugar de
internet para poner la cara.