Los enormes espacios del Arsenale, la antigua fábrica de barcos italiana, volvió a brillar con una nueva edición, la duodécima, de la Bienal de Arquitectura de Venecia que abrió sus puertas el sábado pasado, y por primera vez en su historia, curada por una mujer, la japonesa Kazuyo Sejima, de 54 años.
Bajo el lema “La gente se encuentra en la arquitectura”, la muestra rompe las barreras y despierta los sentidos, idea a la que se sumaron 46 firmas de arquitectos, artistas e ingenieros de todo el mundo.
Una enorme escultura en piedra forrada en su interior con madera de cedro, un espacio a la vez “protegido y perfumado”, realizado por los artistas chilenos Smilijan Radic y Marcela Correa, abre el recorrido de la Bienal en las inmensas naves.
La exposición, que permanecerá abierta hasta el 21 de noviembre, indaga acerca de los misteriosos mecanismos del ser humano para sentir los cambios del espacio en el que se vive, con el fin de entender el mundo y si es posible mejorarlo.
“La gente puede tomar conciencia aquí de las tantas ideas que surgen en regiones y ambientes muy distintos, del presente que se encapsula para el futuro, de una arquitectura que habla de nuevos estilos de vida, del espacio como medio para manifestar las ideas”, explicó Sejima, una de las estrellas del firmamento arquitectónico mundial, recientemente galardonada con el Pritzker Price, una suerte de premio Nobel de la especialidad.
Un sofisticado sistema absorbe el aire de la humedad y permite al visitante atravesar, gracias a una
Las instalaciones más que la maquetas arquitectónicas resultan el lenguaje de esta Bienal que respeta la sugerencia de Sejima de ofrecer “más espacios y menos objetos”.
Una arquitectura más sensible al medio ambiente que la circunda, al impacto ecológico, al mundo del futuro, es la presentada por países como Brasil, España y Canadá en la zona de los pabellones nacionales de Jardines.
Sorprende la futurista instalación del arquitecto canadiense Philip Beesley, una suerte de selva de plástica, un arrecife de coral transparente manipulado por extraños seres vivientes, que integra naturaleza con edificio.
El futuro resulta menos angustioso en las propuestas de un grupo de seis arquitectos brasileños, todos nacidos después de la creación de Brasilia, hace 50 años y ciudad conmemorada en forma especial en el pabellón de Brasil como el emblema del modernismo, “de la utopía de un mundo justo e igualitario”.
La manifestación permanecerá abierta hasta el 21 de noviembre en el Palacio de las Exposiciones de los Jardines de la Bienal, situado a mitad de camino entre la Plaza de San Marcos y el Lido de Venecia, el aledaño Arsenal, donde se construían las naves de la Serenísima República de Venecia, y en algunos edificios del centro histórico de la ciudad lagunar.
El título elegido por Sejima (“La gente se encuentra en la arquitectura”) para caracterizar su Bienal obedece a su concepto de que la arquitectura debe servir para que la gente se encuentre y socialice en los espacios creados por los arquitectos contemporáneos, un poco a la manera del ágora griego, el foro romano y la plaza italiana.
Por eso ha creado una especie de diálogo entre público y arquitectos, críticos y personalidades del mundo de la arquitectura que tendrá lugar todos los sábados que dure la Bienal en los que fueran los Depósitos de Sal de la Serenísima, en el barrio de Le Zattere.
Este año Argentina y Brasil celebran aniversarios propios, la primera sus 200 años de historia patria con trabajos que van desde la restauración de la democracia en 1983 a la actualidad, y la segunda los 50 años de la nueva capital, Brasilia.
Chile en cambio propone “Chile 8.8” con trabajos de un grupo de arquitectos e instituciones públicas y privadas mientras Uruguay presenta “5 Narrativas, 5 edificios” y Venezuela un proyecto en vías de realización. l






























