“El objetivo no fue en ningún momento «vamos a ganarle a algo que tiene
esos picos de rating», que se ve más que los partidos del Mundial”, señaló Joaquín Furriel
sobre el lugar que ocupa hoy la novela “Caín y Abel”, que protagoniza y que ocupa el
horario central de Canal 5, frente a “ShowMatch”. El actor aclaró que la novela tiene
otros objetivos como “la calidad del programa, de los personajes, de las historias y de la
realización”.
Mientras tanto, también disfruta en teatro de “La vida es sueño”, el
clásico de Calderón de la Barca, y se prepara para el estreno de las películas “Verano
maldito” y “Ni Dios, ni patrón ni marido”.
—¿Qué tiene que tener una novela para no sucumbir a las mediciones?
—Si pudiera dar esa respuesta sería productor y no actor. Creo que es muy
azaroso. Pero para impactar, una novela tiene que contar una buena historia de amor, original y
atractiva.
—¿La competencia con “ShowMatch” en el mismo horario se hace difícil de
remontar?
—Yo ya estuve en otros programas a la noche, como
“Montecristo” o “Soy gitano”. Y si bien tenía otro grado de
responsabilidad, cada vez tuve más responsabilidad en los proyectos. Siempre fui muy consciente de
que es el horario más competitivo y en el que estás más expuesto a que te digan qué está muy bien o
muy mal. En definitiva estás más expuesto al ejercicio de la subjetividad.
—No depende de vos...
—No creo para nada que un programa pueda ser exitoso por mí o que pueda
ser un fracaso por mí. Sería ir en contra de mis principios profesionales porque nunca pensé desde
ese lugar. Siempre elijo proyectos que me den la posibilidad de crecer como actor. Pero sin lugar a
dudas es el espacio de la televisión más competitivo y a nosotros nos tocó salir al aire en un
contexto bastante particular, donde toda la atención está puesta en un solo lugar. Hay que ir de a
poco encontrando un público propio.
—¿Lo sentís como derrota?
—Esto no tiene que ver ni siquiera con “ShowMatch”. Si hubiese
una ficción sería exactamente lo mismo. De ninguna manera lo siento como una derrota porque el
objetivo del programa no fue en ningún momento “vamos a ganarle a un programa que tiene picos
de rating”, que se ve más que los partidos del Mundial. Es ridículo, es no saber dónde estás
parado, es negar una realidad. Tiene otro objetivo, que también es el mío, que es ver la calidad
del programa, de los personajes, de las historias, de la realización.
—Paralelamente estás haciendo teatro con “La vida es sueño”. ¿Qué te
aporta el teatro?
—Es uno de los proyectos que como actor me permite todas las noches tener
la posibilidad histórica de poder decir esos textos, hacer un personaje que tiene esa dimensión, en
esa sala, la Martín Coronado, con ese elenco, con esa producción y sobre todo con un director como
Calixto Bieito. Disfruto muchísimo. Pocas veces me sentí tan libre y tan lúdico en el escenario. Es
un privilegio. Estoy tan feliz... Es hermoso.
—Parece curioso la repercución de una obra escrita en 1635 y la forma en que se mide
el éxito hoy desde lo mediático...
—Yo estoy disfrutando mucho de las dos experiencias, que son contextos y
equipos diferentes de trabajo, pero las dos me están haciendo crecer mucho como actor y también
como persona. Eso para mí es lo más parecido a usar la palabra éxito. Yo desconfío mucho cuando se
utiliza la expresión “esto es un éxito” y esto no lo es. Lo que querés es que vaya bien
para poder generar la mejor calidad de trabajo.
—¿Te preocupa el rating?
—No es que estoy todo el día preocupado porque el programa no mide 40
puntos y después me voy al teatro y estoy feliz porque la sala está llena. No lo vivo así. Siempre
deseo lo mejor para los proyectos en los que estoy porque creo en ellos. Cuando ves que la sala
está llena o la obra tuvo críticas muy buenas, no es que llegás al teatro y sacás el pecho. Eso es
ego. El trabajo es otra cosa.
—¿Qué opinás de la televisión que se consume a si misma?
—No lo sé porque en principio no consumo mucha televisión. Trabajo en la
televisión pero nunca, ni de chico, estuve muy pendiente de la tele. Me estimulan otras cosas. Veo
algunos programas, pero son muy puntuales. Hace muchos años que hago teatro de noche y cuando llego
a casa, si me dan ganas, prefiero ver cómo migran las aves, ese tipo de cosas. No quiero esas cosas
que me molestan, o que veo que me están manipulando.