Hace unos días, concurrí a un ciber para poder utilizar internet, habida cuenta que mi servidor no proveía los servicios correspondientes. En el box situado al lado del mío, y en otros colindantes, varios púberes se entretenían con un video juego de carácter bélico. En un momento determinado, uno de ellos le dice a otro: "Maté cuatro negros y tres judíos". En un primer momento pasé de la estupefacción a la confusión, dudando si había escuchado correctamente. "¿Y vos, cuántos mataste?", demandó un tercero. Al principio vacilé si correspondía preguntarles el por qué denominaban así a los guerrilleros abatidos en el video-juego. Repuesto de la conmoción del primer momento, interrogué al adolescente que tenía a mi lado al respecto. Mi sorpresa fue en aumento cuando me respondió, con una inaudita naturalidad, que era la forma que ellos denominaban a los "malos o villanos". Me retiré turbado del local pensando en lo aquel chico me había dicho. Era evidente que homologar "negros y judíos" como los malos de la película fue un acto mecánico y reflejo de repetir lo que seguramente habrían escuchado en otro lado. ¿Qué pasa con nuestro sistema educativo sobre principios y valores para que, púberes con una inocencia preocupante, se refirieran a los "negros y judíos" como los delincuentes terroristas, en el video juego? ¿No han sido suficientes las atrocidades que los nazis perpetraron matando a millones de personas por motivos religiosos o las que se produjeron por el odio racial? ¿No hemos aprendido nada de la historia de las masacres a lo largo de la historia de la humanidad? Creo que los principios y valores humanos que se deben transmitir en todos los órdenes de la educación, en la sociedad en que vivimos, involucran a todos los niveles formativos y, principalmente, a la familia, en todas sus concepciones. Me preguntaba si los púberes a los que me refería sabrían que un afro-americano es el presidente de la principal potencia del mundo o que numerosos científicos que aportaron grandes descubrimientos e inventos fueron de origen judío, como Einstein, Johnas Salk, Freud y Sabin, entre otros.






























