En 1914, el escritor, Enrique G. Hudson (1841/1922), nacido en Florencio Varela, partido bonaerense y enamorado de las pampas, escribió una obra de notable raigambre entre los de su colección: "Allá lejos y hace tiempo". Ya lo creo, como que fue en 1914. He querido solo utilizar el título de esta hermosa obra para considerar épocas en que los ciudadanos éramos sujetos y no objetos como somos ahora. El trámite del "arbolito", parodia que formaba parte de una tira cómica televisiva y que mostrando tanta candidez, el inefable Joe Rígoli hacía una verdadera demostración de paciencia. Papeles y más papeles que siempre faltaban, hasta que un día se le ocurrió al empleado municipal pedirle el árbol para certificar que era cierto el permiso que solicitaba. Órdenes de arriba, siempre le decía. No había margen como ahora, para la flexibilización. En otra dimensión el genial Antonio Gasalla, evocando a lo máximo en comicidad: Niní Marshall, trabajaba un papel: la empleada pública, el sketch, copiado exactamente de la realidad, aunque quizás sobreabundando en algunos aspectos para otorgar más comicidad al personaje. En suma, el argumento, copia fiel. Cuenta una pequeña historia que un rey convocó a magos, sabios y astrólogos de palacio para que le señalen los tiempos favorables para las cosechas. Ninguno conformó al soberano, siendo puestos de patitas a la calle. Un campesino enterado de su necesidad pidió hablar con el rey para indicarle que su burro tenía esa habilidad. Está contratado entonces. Se dice que desde aquel momento, las dependencias oficiales se poblaron de especímenes similares al del cuento. Pero como de ordinario, no todos son así. Hay dependientes que merecen ser diplomados en cortesía, pragmatismo, en suma todo lo contrario a la casi permanente máquina de impedir. Pero aunque se asemeje a una paradoja, los excepcionales están cumpliendo con su deber, y esto sí, no tenemos por qué recrearlos en la gloria cuando ya no están. Tiempos difíciles, la anarquía pasiva se ha instalado en la sociedad. La máquina-monstruo consume papeles, y hoy se traduce en la necesidad y la posibilidad de muchos, adultos mayores ya, no entienden eso de: este trámite tiene que hacerlo on line… (¿) para colmo en inglés. Y así el sufrido ciudadano/contribuyente/pasivo, tiene que deambular solo, por esas calles de Dios. Un día un impuesto, otro un servicio, uno se cobra el otro no, después sacar turno en algún efector para gerontes o para estudios de laboratorio con la desaparición de la última estrella del firmamento… para que algún somnoliento empleado tapándose el bostezo con una mano y con la otra sosteniendo el mate -no todos- lo trate como un elemento ya descartado. Pero el pertinaz irreverente, mide a todos con la misma vara. Me pregunto: ¿sus padres o hermanos no acuden alguna vez a los mostradores de dependencias oficiales? Ni los buenos sueldos, ni el sistema de calefacción o aire acondicionado los hacen mirar para atrás.






























