Mucho se habla de la inclusión social en los últimos tiempos, pero ¿cuánto se hace por incluir? Podemos empezar por nuestros hermanos indígenas de todas las etnias, a cuántas vergüenzas los condenamos, cuánta historia llevan en sus espaldas y sin embargo viven en los montes sin medicinas, sin las necesidades básicas, bajo un techo construido por sus manos con barro y paja, donde habita la vinchuca y donde no existen sanitarios ni jabón. Aquellos que han nacido con algunas diferencias con respecto al resto, ya sea un autista, un ciego, un obeso, ¿cómo vive su dolor en este mundo insensible? Y ni pensar si es un niño en edad escolar que debe sortear la burla y el desamparo de sus propios compañeros que ni siquiera lo invitan a jugar en el recreo. ¿Entonces a quienes incluimos verdaderamente como sociedad? En muchas ocasiones nos encontramos en la calle con personas que no pueden cruzar solas una avenida, ¿nos detenemos a ayudarlos? ¿Qué hacemos con los ancianos que deambulan sin rumbo ya sea porque no tienen familia o se han extraviado de su hogar? ¿Tratamos de orientarlos hacia un centro de ayuda que alivie su soledad? A mitad de semana un noticiero de la ciudad de Rosario nos mostraba cómo se conmovían los peatones ante la presencia de un anciano que vive desde hace tiempo en la zona de Juan Manuel de Rosas al 1700. Los vecinos han llamado en distintas oportunidades a las autoridades que debieran llevarlo a un hogar de ancianos, ya que se encuentra en situación de calle. Los integrantes de un gimnasio vecino lo han auxiliado bañándolo y poniéndole ropa limpia, pero nadie de quienes debieran hacerse cargo han concurrido en su ayuda. La policía dijo que no le compete, la GUM llegó, lo miró durmiendo en el piso y se retiró alegando que avisarían al Servicio de Asistencia para Personas Abandonadas, que nunca vino. Y él sigue allí, solo, con el auxilio de algún alma caritativa que le acerca un alimento o un poco de agua, al igual que un perro callejero que se dejan estar en la humedad de la baldosa o al calor del sol, esperando. ¿Esperando qué? ¿Quiénes son los que pregonan la inclusión? ¿Dónde está la parte humanitaria de quienes tienen a su cargo la función de proteger? El país elige nuevos gobernantes, ojalá el amor hacia el semejante sea más fuerte que los intereses personales en la boca de la urna.





























