Pretendo ampliar algunos conceptos expresados por el lector Ventura (La Capital, 12/09/13). En primer término, todos los medicamentos expedidos en farmacias tienen marca, salvo los allí preparados, especie en extinción. Cuando en nuestra legislación se obliga al profesional de la medicina a que al recetar una marca debe mencionar simultáneamente la droga componente de ese medicamento es para posibilitar la compra de una marca alternativa, medicamento a veces llamado genérico. Es para dar oportunidad al paciente de elegir qué marca, qué laboratorio, qué precio, qué prestigio quiere o puede pagar, al momento de la compra. Esta normativa significó un gran avance en el sistema de salud argentino, ya que tiende a destruir o al menos obstaculizar la perversa conducta monopólica de grandes laboratorios, generalmente de origen extranjero y precios abusivos, restableciendo alguna forma de competencia. Existen en nuestro país excelentes laboratorios de medicamentos, algunos en Rosario, privados y oficiales. Claro que tanto el Fitito como el Mercedes, mencionados por el lector Ventura como ejemplos antagónicos aplicables a los medicamentos, deben estar sujetos a los controles de calidad. No olvidemos que por medicamentos de grandes marcas nacieron niños deformes en todo el mundo (talidomida). La Anmat es el organismo federal encargado del control de la producción, distribución y comercialización de todos los medicamentos en nuestro país. A la pregunta del lector "¿por qué un fármaco de marca cuesta cinco veces más que un genérico si se trata de lo mismo?", se puede responder : porque la marca de prestigio lo logró con publicidad, influencia sobre instituciones, profesionales y pacientes, posicionándose sobre las llamadas "segundas marcas". El mismo fenómeno de mercado se da con camisetas o tallarines. La marca "de prestigio" suele tener poder de captación e imponer pautas de consumo. Claro que en nuestro caso se trata de la salud.































