Fue hace unos cuantos años. Escuché la sentencia con resignación. “Tiene usted razón, pero Miguel está echado de esta escuela”, dijo el director. En vano había tratado de explicar mis argumentos. Nada lo conmovía. Y así fue, el alumno descarriado fue expulsado. ¿Cuál era la falta?: chistes reiterados, imitaciones, canciones y gritos en clase, rebeldía. Casi lo mismo que hace ahora, que es famoso, en un canal porteño y en horarios centrales. Me acordé cuando leí que habían dejado libres a varios alumnos por tirar bombas de estruendo en
el Politécnico. ¿En Rosario? !Pero si aquí todo se festeja con ruido! Los casamientos empiezan con bombas, los festejos de los gobiernos y actos de todo tipo son con fuegos artificiales, en las canchas de fútbol explota todo, la Navidad parece una guerra y el Año Nuevo se recibe haciendo temblar la tierra... con más bombas. Vaya usted un fin de semana a Funes y preste atención al sonido ambiente nocturno. Bombas, más bombas, ruido, mucho ruido, y, para estar a tono, todos gritan sobre el sonido insoportable de los equipos de audio, última generación. Y al amanecer tiran alguna que otra bomba que había quedado olvidada en el cajón. Esta es nuestra realidad. Y como dice un amigo medio papanatas que tengo: “Si no te gusta sos un aburrido”. Por eso me acordé del director de la escuela ítalo-argentina que lo echó a mi amigo Miguelito. Se me ocurren los mismos argumentos de aquella vez. Uno inscribe a un chico en una escuela para que sus autoridades y docentes, en conjunto con sus padres, sean los encargados de socializarlo, educarlo, acompañarlo cuando se equivoca y para que adquiera los conocimientos enciclopédicos de rigor. Para que aprenda a vivir en sociedad y respete al prójimo. Con la sanción se produce entonces esta curiosidad: si las bombas las tiran los mayores está bien, si lo hacen los pibes está mal, y los dejan libres o los echan de la escuela. Tirar bombas de estruendo en lugares y momentos inadecuados está mal. Tirar pibes a la calle es peor. Los adultos debemos encontrar otros métodos para corregir lo que hace mal un jovencito. Y mucho más si somos los que solemos portarnos peor. Optar por lo más fácil se parece mucho a una derrota.






























