Si bien la inseguridad es la mayor problemática de la Argentina, me remito a la seguridad física que corremos los rosarinos que transitamos las veredas y calles de nuestra ciudad. Hace tres semanas me caí en la plaza San Martín por calle Moreno. Las empresas realizan algún tipo de cableado subterráneo y rápidamente rellenan el pozo, que se convierte en una vereda peligrosa debido a que se hunde y no nos damos cuenta, porque las baldosas están intactas pero más abajo. No puedo arrodillarme y ya fui dos veces al médico, quien me recetó una pastilla desinflamatoria que me deja sin estómago. ¿A quién me voy a quejar? Empiezo un juicio interminable contra alguien, y como conclusión mis rodillas me duelen y sinceramente me cuesta caminar. Si hubiera sido una persona mayor, quizás me hubiese quebrado. En cuanto a las calles, subir al colectivo en San Lorenzo y Dorrego es una aventura del tercer milenio. La vía rápida es un gran logro, los colectivos funcionan de maravilla, pero el asfalto está destruido, tiene tantos agujeros que un día me voy a perder como en una película de ciencia ficción. Humoradas aparte, señora intendenta, antes de pensar en los aumentos de taxis o colectivos, asfaltemos calles. Pago $235 de TGI mensual y sinceramente no me siento recompensada como ciudadana. Ya vimos que las elecciones apoyan su modelo, espero que la inclusión también llegue para los contribuyentes que día a día colaboramos pagando nuestra cuotita de impuestos.






























