La cuarta definición de la palabra “mercado” en el diccionario de la RAE dice: “Conjunto de actividades realizadas libremente por los agentes económicos sin intervención del poder público”. Hagamos memoria: en épocas no lejanas supo estar de moda en la Argentina justificar cualquier barbaridad en nombre del mercado. El “mercado” se había transformado en el argumento que nadie podía refutar: era palabra santa, el mismo Dios monologando ante el micrófono. No importaba si dejaba a su paso tierra arrasada. Si había sido “el mercado”, estaba bien. Sin embargo, aunque le digan “mercado”, se llama olvido. Olvido de lo colectivo, de lo solidario, de lo mejor de lo humano. El mercado quiere que el hombre sea lobo del hombre. Quiere explotación, banalidad, consumo. Los saqueadores son hijos del mercado.





























