"Creo que fui la única persona que estuvo reunida en un pabellón con todos los genocidas a la vez: Astiz, Etchecolatz, Von Wernich y Patti, entre otros que no son conocidos, en el penal de Marcos Paz en abril de 2008. Yo solita, se fueron todos los penitenciarios. Eran 50 del Ejército y 30 de la Marina. Lo primero que les molestó es que fuera una mina. "Si usted es fiscal lo primero que tiene que saber es que están violando nuestros derechos", me dijo uno y citó la Constitución. Era surrealista: tipos que se habían sentado en la Constitución y que te vengan a plantear esto. Todo el tiempo estuve hecha una lady. Les dije que iba a ver si estaban en iguales, peores o mejores condiciones que los presos comunes. Lo primero que marcaron es que los otros eran delincuentes y ellos eran perseguidos políticos. Había una gran diferencia, era incomparable y a sus mujeres no tenían por qué revisarlas", recuerda Cristina Caamaño.






























