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El Centro Cultural Fontanarrosa amplía su oferta para los sectores más jóvenes

Las actividades para 2015 incluirán una muestra de coleccionistas basada en “La guerra de las galaxias”. En tanto, el CCRF sigue recibiendo a un público permanente en sus espacios.

Domingo 14 de Septiembre de 2014

Con la programación de actividades para el resto del año y lo que se anticipa para 2015, el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (CCRF) continuará ofreciendo a la ciudad propuestas de interés para una franja etaria que intenta incluir a los sectores más jóvenes.
  De hecho, para el año próximo se anuncia otra muestra de coleccionistas, en este caso dedicada a una de las sagas cinematográficas más exitosas de la historia: “La guerra de las galaxias”. La primera película de la tercera trilogía se estrenará mundialmente sobre finales de 2015, lo que renovará el interés y la adhesión de los fanáticos de la serie iniciada por George Lucas en 1977.
  Similar importancia tendrán otras cuatro muestras anunciadas para el año próximo: la de homenaje al notable dibujante Caloi, la de Hermenegildo Sábat, dedicada a Aníbal Troilo y el tango, la de Oscar Grillo, quien viajará desde Londres (Inglaterra) a exponer en Rosario después de ocho años, y la de Luis Scafati, uno de los más notables dibujantes argentinos con reconocimiento internacional.
  Para lo que resta de 2014, el CCRF tiene programadas la muestra del pintor tucumano Víctor Quiroga —un artista tan singular como valorado— y la del uruguayo Carlos Grippo, radicado desde hace dos décadas en Venecia (Italia) y que residió en Rosario a principios de la década del 70, al exiliarse en el inicio de la dictadura en el país oriental.
  En tanto, el CCRF sigue recibiendo a un público permanente en sus espacios, a la vez que aúna esfuerzos y creatividad para consolidar lo hecho en los últimos años.
  La mejor manera, seguramente, de homenajear de modo permanente al gran humorista gráfico, escritor y dibujante, cuyo nombre ostenta con legítimo orgullo rosarino.

Historial. Con la entrada celosamente custodiada en los últimos días por Batman y Superman y el primer piso resguardado por Inodoro Pereyra, que mira pasar a los rosarinos que deambulan por la plaza Montenegro, el centro cultural eleva su prestigiosa estatura en el mismo lugar donde se levantaba el Mercado Central de la ciudad.
  Su historia se remonta a 36 años atrás, cuando finalizó el Campeonato Mundial de Fútbol de 1978. Desde entonces, el ex Centro de Prensa fue destinado a otras actividades sociales y, con la llegada de la democracia, se produjo la primera eclosión cuando el edificio alojó a la Subsecretaría de Cultura municipal y comenzó a trabajar como el corazón de la gestión cultural rosarina.
  A veces es importante detenerse a observar cómo evolucionan las instituciones de la ciudad para tomarle el pulso a la historia. El tiempo pasó volando (como suelen decir los veteranos puestos a repasar lo vivido) y el lugar se convirtió en uno de los puntos más representativos de la idiosincrasia ciudadana, si se toma por cierta la presunción de que Rosario es “emisora de cultura”, como juzgan algunos comentaristas de otros rincones del país.

Visitantes. Por las salas del centro cultural pasaron numerosos personajes importantes. Y hay algunos nombres que resultan inolvidables. Jorge Luis Borges, por ejemplo, o Félix Luna, para no hablar del mismísimo Negro Fontanarrosa, quien terminó prestándole su nombre y apellido al lugar, a pedido del público.
  La plaza sigue manteniendo el espíritu cosmopolita que le legó el mercado central, con su variopinta multitud de vendedores y compradores de distinta procedencia que la convirtieron en una pequeña Babel.
  Actualmente, salvando la enorme distancia de tiempo, la mezcla de los visitantes de la plaza sigue siendo rica, aunque un poco deslucida.
     Sin embargo, puertas adentro, la actividad ha crecido de modo incesante y, desde que se le cambió el nombre al lugar (en julio de 2013), la dinámica también se ha potenciado y apunta a todas las direcciones.
  A las multitudinarias charlas ofrecidas por historiadores como Luis Alberto Romero, Félix Luna, José Ignacio García Hamilton, Patricia Pasquali, Norberto Galasso, Pacho O? Donnell, o por los filósofos José Pablo Feinman, Tomás Abraham y León Rozitchner y críticos como Beatriz Sarlo y Horacio González, se sumaron otras, como las que animó el escritor Alberto Laiseca.
  En 2013 se realizó la muestra “50 años con The Beatles en Rosario” y, luego del cambio de nombre que se celebró con una muestra homenaje a Roberto Fontanarrosa, siguió con la concreción del Primer Encuentro Cultural de Música Electrónica Loop Rosario.
  En tanto, 2014 comenzó fuerte con el Encuentro de Murgas, el Primer Encuentro de Arpistas, un Encuentro de Jazz y la muestra “Retratos del Rock”, de Celeste Urreaga, que provocaron una gran afluencia de nuevos públicos a un ámbito que, fiel a su premisa de ser continente de expresiones diversas, se encuentra en una constante búsqueda de nuevas vertientes.

Sello propio. La impronta de la historieta y el humor dibujado quedó marcada con las exposiciones de Divito, Calé, Lino Palacio, Quino, Caloi, Crist y Fontanarrosa, pasando por Napo y Oscar Grillo.
  Esa característica fue confirmada por las versiones de “Crack, Bang, Boom” y lo mismo ocurre con la música, que viene sonando en sus salas desde la apertura del centro cultural, que también fue generador de iniciativas que perduraron en el tiempo y que se trasladaron a otros escenarios rosarinos (el Encuentro de Músicos Populares).
     En 2003 se produjo la primera convocatoria y, recientemente, en la undécima edición del mismo, el centro cultural alojó a más de mil talleristas durante una semana y fue escenario del espectáculo que convocó a Peteco Carabajal, Juancho Farías Gómez y Jorge Cumbo y La Bruja Salguero, entre otros artistas.
  Lo cierto es que, si uno busca espacios similares en distintas ciudades de la Argentina (incluida la Capital Federal), difícilmente encontrará lugares que ofrezcan una variedad de propuestas como las del CCRF.
     Y, si bien es lógico que así ocurra en una ciudad que tiene un centro histórico de expresiones tan heterogéneas como el Fontanarrosa, también resulta llamativo el sostenido nivel y búsqueda de sus propuestas.

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