R.M.Baremberg, en su carta "El Talmud y las elecciones del 28", del pasado 12 de julio, entre otros conceptos, dice: "...la política que yo vi... hablaron mucho pero no dijeron nada..." A esto se lo llama dialéctica política. La dialéctica es el arte del diálogo pero, como bien lo dice Aristóteles, es la estrategia de la retórica incluyendo emociones. Es el carácter del hablante y de su estilo conforme a factores de las circunstancias psíquicas por las que atraviesa el orador. Es la multiplicidad de conceptos: disputa y no ciencia; probabilidad y no certidumbre; inducción y no demostración. Como en la música, donde una misma melodía es ejecutada, alternativamente, en solos por distintos instrumentos. En política la dialéctica es la técnica de confundir y desorientar al oyente proporcionándole motivos ilusorios, ocultándole objetivos y estrategias en tiempos perturbados por distintos motivos, como económicos, sociales, etcétera. Según el diccionario español, ciencias políticas, tiene cuatro significados emparentados: método de la división de masas, lógica de lo probable, lógica propiamente dicha y síntesis de lo puesto. Para Hegel, la dialéctica es la naturaleza misma del pensamiento por ser la resolución de las contradicciones. La Escuela Estoica de Grecia, nacida 300 años a. C., sostiene que en toda proposición se distinguen tres elementos: la palabra o significante, la cosa significada y el significado. Las palabras y las cosas son materiales. El significado es inmaterial y actúa como nexo de unión entre otros elementos, como la verdad y la falsedad. Cosa que comúnmente ocurre cuando los mandatarios no tienen gestión para mostrar a la población por haberse dedicado sólo a cometidos superfluos. No olvidemos la dialéctica política endémica de los países hispanoamericanos, en especial del nuestro donde lleva décadas procurando asombrosas percepciones especulativas e innumerables espejismos.




























