El jueves 26 de febrero consumios dos menúes en el comedor del 10 piso del edificio de Consejo Profesional de Ciencias Económicas, de Maipú 1344. Consistía cada uno en comida, bebida y postres, en este caso eran canelones de calabaza y verdeo, gaseosa y un browni con bocha de helado americana. Es así que al servirnos una de las gaseosas apareció en el vaso una cucaracha muerta flotando, de tamaño regular y con sus alas extendidas. Inmediatamente le dijimos a la moza que nos estaba atendiendo y le mostramos el vaso con su contenido, además de la botella que todavía tenía parte de la bebida. Nos contestó: "Le digo al encargado y hablamos con Coca Cola. Acto seguido, la moza se retiró presurosa y desapareció de la escena, para no volver jamás. Le debimos pedir la cuenta a otro mozo que rondaba por ahí, mirándonos con actitud desconfiada como si uno fuera delincuente. El empleado trajo la cuenta y cobró los dos menúes completos en forma normal. Hablamos con el encargado y nos dijo que nos quedáramos tranquilos, ya que iba a hablar con la firma de la empresa y que luego nos informaría de la situación, ya que "había pasado otras veces, y no era la primera vez. En las anteriores ocasiones había encontrado vidrios y también papeles en botella de la misma firma, por lo que no estaban en condiciones". Pero nos aclaró que siempre se manejaban con Coca Cola y que "ya habían tirado al bichito". Esto es lo mismo que si en un asesinato se tira la bala o si mato o se arregla todo llevándoles flores a la viuda. Acá hay terceros involucrados y está en riesgo la vida de personas, ante una posible afección en la salud, cuyos efectos no son instantáneos y se ve con el paso del tiempo (infección, intoxicación, envenenamiento). No se trata de decir que las cucarachas dan "asco" y que la señora se queire hacer la "muy finoli". Y aún si se quiere despreciar el valor de vida y atender únicamente el capitalismo salvaje, con total vilipendio de cualquier otro valor humano, en ese terreno netamente materialista, así y todo cabe resaltar: se cobró el menú completo, sin descuento ni compensación de ningún tipo; no se repuso la bebida; no se pidió disculpas; se tiró al bicho, eliminando la prueba material y encubriendo el hecho; nadie se acercó a la mesa a dar algún tipo de espliclación; las bebidas se entregaron destapadas y no se ofreció atención médica preventiva. Todo fue digno de estar incluido en un supuesto manual sobre qué hacer para perder clientes.





























