Con un disparo certero, dirigido directo a la cabeza, el cabo de policía Marcelo Galmarini mató
en mayo de 2007 a Pablo “Rusito” Espíndola en la zona sudoeste. El efectivo de la
Patrulla Urbana discutió con el joven para exigirle que su hermano menor, ex novio de su hija, no
tuviera más contacto con la chica. Le dio un golpe en la frente con la culata del arma y enseguida
le disparó a corta distancia.
Para el juez a cargo del juicio que acaba de cerrar contra el
uniformado, de esa mecánica se desprende con claridad la “inequívoca intención” de
matar, por lo que descartó que se haya tratado de un tiro accidental. Bajo ese encuadre le impuso
17 años de prisión y la obligación de indemnizar en 330 mil pesos a los familiares de la víctima.
Ese es el fallo que dictó el juez de Sentencia Nº 6, Julio García, al
terminar el juicio contra el policía de 37 años. El juez descartó el planteo defensivo de que al
policía se le había escapado el disparo. Tuvo en cuenta los dichos de varios testigos que vieron
tirar a Galmarini y también las pericias técnicas realizadas en la causa. Lo condenó por el delito
de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y contempló como agravantes su condición de
policía y su entrenamiento en el manejo de armas.
































