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Condimentos y otras peripecias para 78 años

No se piense el lector que voy a hablar de todos los condimentos y todas aquellas peripecias que he pasado, (que hemos pasado), durante los últimos 78 años.

Domingo 25 de Agosto de 2013

No se piense el lector que voy a hablar de todos los condimentos y todas aquellas peripecias que he pasado, (que hemos pasado), durante los últimos 78 años. Se mezclarían en un cambalache muy personal, las mamaderas, los manises, los amores y las tristezas y felicidades. No, no será de esta manera sino de otra. Antes de empezar, algunos ejemplos al azar: vemos un pedazo de pan criollo y pensamos en la visión de la llanura en la zona sur de la provincia. Y de paso, como hemos pensado en 1937, en la Guerra Civil Española, a la cual le agregaremos el condimento del ajo, que Heminway llevaba siempre en los bolsillos. Entre estos dispares recuerdos, podemos avizorar, creo que para siempre el "Guernica" de Picasso. También, en 1937, en la ciudad de Nüremberg, se dictaron las leyes raciales contra los judíos, y fueron el centro de los horrores cometidos por el nazismo.

Pero hubo otras cosas por esos años. Algunas, que podrían calificarse de meramente anecdóticas, y otras que dejaron al mundo patas para arriba. En nuestro país, el martes 23 de Julio de 1935, el legislador de la Democracia Progresista, Enzo Bordabehere, es asesinado en el recinto del Senado de la Nación. Se sabía bien quienes fueron los que mandaron a matarlo, aunque se supone que las balas estaban destinadas a Lisandro de la Torre. Se encontró un culpable, uno que tuvo el oficio de encargarse del "trabajo", pero no quienes incitaron al crimen. En ese mismo año, se mata en un accidente de aviación Carlos Gardel. Según nos dijo alguna vez Julián Centella, Gardel se murió, cuando Corsini y Magaldi hacían furor en Buenos Aires y en todas las ciudades tangueras. Es en 1936 en que es fusilado García Lorca, y que Thomas Mann adopta la nacionalidad checa. Es por ese año que, en Alemania, se hace obligatoria la afiliación a las Juventudes Hitlerianas.

Es por ese tiempo, que abdica el rey Eduardo VIII de Inglaterra, para poder casarse con Wallis Simpson, y comienza el largo y trágico exilio en México de León Trotsky, que finalmente será asesinado por los estalinistas. Fue en 1936 que Frank Lloyd Wright comienza la construcción de la casa Kaufmann, que se considera un símbolo de la arquitectura orgánica integrada al paisaje.

Sería imposible resumir lo que el tiempo fue dando entre 1936 y 1945. Si esos fueron los feroces años de la guerra, sobre todo entre el fascismo y el nazismo, no hubo horror que no se cometiera. La paradoja de ese decenio es que, si bien había una preponderancia del horror, el hombre siguió con todo aquello que significaba un alto grado de creación y además como si entre los caminos del terror, hubiera una tercera posibilidad en la cual el ser humano manifestaba que ese espíritu que llamaríamos humanista, no estaba derrotado. Es cierto, si bien es difícil encontrar aquello que pueda equilibrar el holocausto o las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Sin embargo, sí hay a lo largo de esos años del siglo XX una demostración cabal que el espíritu de creación del hombre no podía ser destruido. Lo terrible, en todo caso, es que, finalizado ese período de las guerras, llegando presumiblemente la paz, la guerra siguió presente y durante largos años, la llamada guerra fría, que determinó el oscuro destino de muchos.

Hasta hoy, 78 años después, el hombre vive en una permanente convulsión, que en este caso no se ve equilibrada, por lo menos a nuestro entender, por esa formidable fuerza creativa que había predominado en la época anterior. Si bien vivimos un tiempo en que los progresos científicos han sido destacados, esa realidad no es suficiente para crear un equilibrio que cada vez necesitamos más.

El hombre ha llegado al espacio, presuntamente una metáfora podría decir que hemos llegado a conquistar la Luna. Los avances de la medicina, son sorprendentes. Un hombre puede vivir con el corazón, los riñones y los pulmones de otro. Pero esto no implica que el espíritu que ha definido esa actitud humana de encontrar una solución a tantos y tantos problemas no se avizora por ningún lado. Por ejemplo, el hambre sigue haciendo estragos. Y lo mismo pasa con algunas enfermedades para las cuales se han encontrado grandes paliativos, pero no una cura definitiva.

Parecería que el hombre, que ha demostrado ser uno de los animales, sino el único, que comete, no una vez, sino múltiples veces los mismos errores, no tiene un camino paralelo que le permita encontrar un rumbo en el cual no sólo le interesen la solución a muchos problemas técnicos, no hay una ruta por la cual marcha una humanidad que desee, sobre todo, un progreso espiritual que haga para cada hombre considerar al otro como un hermano. Esa ruta de la cual existen atisbos, es transitada por muy pocos.

Diríamos que el hecho que exista en los Estados Unidos un presidente negro no significa de ninguna manera que haya desaparecido la discriminación y un racismo latente. Y el racismo demostró ser feroz en los Balcanes y en el Medio Oriente.

Por otra parte, hay que pensar, y eso no es difícil de demostrar, que la apetencia del poder por parte del ser humano es enorme, y para detentarlo es capaz de llegar a cualquier vileza, que por otra parte, ya se ha hecho. Prácticamente ninguna de las crisis que han afectado al ser humano en este comienzo del siglo XXI han sido aún resueltas. Hay volcanes abiertos que esperan su momento para explotar. De la misma manera, que ese enfermizo deseo de poder, que se da en tantos lugares del mundo acompañados por una corrupción cada vez más terrible, va a terminar en alguna guerra civil o destruyendo lo poco que nos va quedando de la democracia.

Si pasamos a las décadas siguientes, a partir de la década de 1960 hasta los 13 años de este nuevo siglo, nuestra decepción se acrecienta. Creemos vivir, al menos yo lo creo así, en un camino de decadencia de la que nada parece salvarse. Y se trata de una decadencia que nada tiene que ver con la de finales del siglo XIX hasta 1914, en que la realidad de la estupidez de muchos de los hombres que tenían el poder, recibieron una cachetada que dejó más de doce millones de muertos y preparó al mundo para un paz ficticia que terminaría en 1939 con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Creemos necesario ofrecer al lector una bibliografía, más o menos sucinta, de la historia de estos últimos años, en donde, por lo menos en estos libros en particular, no se miente como se suele hacer ahora, acerca de lo pasado en el Siglo XX en general. Los asesinos de la memoria están a la orden del día. Apuntemos algunos libros que son algunas de las excepciones: "Historia Universal del Hombre" de Erich Kahler (primera edición en inglés en 1943), "Historia del Siglo XX" de Eric Hobsbawm (primera edición en 1995) que estudia en particular los años que van de 1914 a 1991, y la "Historia Intelectual del Siglo XX" de Peter Watson (primera edición del 2002).

También apuntamos "La desintegración de las formas en las artes" de Erich Kahler (1968) y "A la Zaga" de Eric Hobsbawm (1998); ambos títulos tratan sobre las artes del siglo XX y en especial el de Hobsbawm, cuyo subtítulo es "Decadencia y fracaso de las vanguardias del Siglo XX".

Todos estos ejemplares, son tanto polémicos como imprescindibles.

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