Tres hombres y una mujer fueron condenados por su participación en el asalto a la casa de la jueza federal Silvia Aramberri, ocurrido poco más de tres años atrás. En tanto, un quinto hombre que estuvo involucrado y recibió la falta de mérito por el atraco, fue penado con un año de prisión de ejecución condicional (no irá a la cárcel) por la tenencia ilegal de dos armas de fuego encontradas en su casa. En el hecho los ladrones se llevaron 5 mil dólares, 3 mil pesos, dos relojes de oro y varias joyas de la magistrada.
El fallo conocido ayer y dictado por el juez de Sentencia Nº 4, Julio Kesuani, alcanzó a Alberto Eduardo Carabel Romero, condenado a 5 años y 8 meses de cárcel por su calidad de reincidente; y a Hugo Ignacio Gata Silvero, que recibió una pena de 5 años, ambos como coautores del delito de robo calificado por el uso de arma de fuego. A su vez, el remisero Héctor José Cañete recibió la sanción penal de 5 años de prisión como instigador de robo calificado. Mientras, Verónica Andrea Peger fue sentenciada a 3 años de prisión de ejecución condicional (no irá presa) como partícipe primaria del robo; y Ramón Walter Ruiz recibió como reproche penal un año de prisión de ejecución condicional por tenencia de arma de fuego de uso civil.
Empleada infiel. Peger trabajaba como empleada doméstica en la casa de la magistrada y para el juez quedó acreditado que fue quien entregó el asalto. "Le dio a Cañete (quien entonces era su pareja) una llave de la casa para que obtuviera una copia, desactivó la alarma cuando los ladrones ingresaron a la propiedad y les indicó dónde estaban las cosas de valor", explicó Kesuani en un tramo del fallo condenatorio. En tanto, el juez valoró que fue Cañete el que ideó el robo y quien se contactó con Romero y Silvero para que lo cometieran.
El atraco a la casa de la jueza ocurrió alrededor de las 9 de la mañana del 6 de enero de 2010 cuando dos hombres armados ingresaron al garaje de la vivienda ubicada en Balcarce al 700 sin forzar la cerradura. Tras controlar a dos empleadas domésticas y a la propia Preger, quien en un primer momento fingió ser víctima del hecho, los maleantes se apoderaron del dinero y varias joyas que fueron a buscar a la habitación de la jueza. Para Kesuani quedó demostrado que Romero y Silvero fueron los autores del atraco mientras que Cañete los esperó en su auto, estacionado en las cercanías de la vivienda, y una vez concretado el robo se marchó con ellos.
Qué dijeron. En la declaración indagatoria que brindó ante la Justicia, Preger señaló que conocía a Cañete, con el que mantenía una relación, y que éste le había comentado que los dueños de la casa donde ella trabajaba debían tener mucho dinero. "Le dije que nunca iba a poder entrar (a la vivienda) porque estaba muy protegida con alarmas y sensores. Pero el me contestó que no importaba porque conocía unos muchachos que eran especialistas en esas cosas. Entonces le pedí que no hiciera nada porque podía perder mi trabajo", explicó.
Pocos días después, según sus dichos, Cañete la pasó a buscar en un auto azul por la casa donde trabajaba y fueron a una cerrajería para realizar copias de las llaves de la vivienda. "Me sacó el manojo (de llaves) y me dijo que no me lo devolvería hasta que lo acompañara a hacer las copias", sostuvo la infiel empleada doméstica. La mujer también contó que el día del hecho recibió un llamado a su celular en el que Cañete le preguntó si estaban los dueños de casa. "Le respondí que no y unos veinte minutos más tarde entraron dos hombres —uno de ellos armado— y comenzaron a pedir la plata. Preguntaron dónde estaba el dormitorio, el lugar donde le había comentado (a Cañete) que mis patrones guardaban el dinero".
La cobertura. El magistrado ponderó los testimonios de las otras dos empleadas domésticas de Aramberri para dictar la sentencia. M.P., una de las trabajadoras, explicó que uno de los ladrones preguntó dónde estaba la plata. "Verónica (por Peger) le respondió que estaba en la habitación. Entonces la hizo levantar y le preguntó por la llave. Luego nos encerraron en el baño y Verónica trabó la puerta del lado de adentro. Cerca de las 9 sonó la alarma y Verónica la desactivó. Habló con la empresa (de alarma) y le dijo que no pasaba nada", explicó la mujer.
A su vez J.P., la tercera empleada doméstica, comentó que estaba con M.P. en el piso de arriba cuando a las 9.15 escuchó la alarma y después se apagó. "Cuando bajaba y llegaba a la cocina sentí que una mano me agarraba del cuello y me apoyaba un arma de fuego en la sien derecha. Después, nos hicieron tirar al suelo, preguntaron dónde estaba la plata y Verónica les dijo que «no las mataran porque el dinero estaba en la habitación»", comentó en sede judicial.