Una oferta de trabajo de ese tipo no aparece todos los días: "Se busca pareja para vivir en un faro en una isla en la bahía de San Francisco". Con una vista impagable hacia los rascacielos de la metrópolis californiana y sin costos, los guardianes pueden llegar a ganar hasta 100.000 dólares al año. Pero, principalmente deben atender a los turistas que se alojan en el hotel levantado en las instalaciones del faro.
¿Un trabajo de ensueño? "No necesariamente", dice Katy Stewart de 32 años. Y ella tiene que saberlo porque desde hace tres años vive con su marido, dos perros y su hijo Drake de once meses en esta isla de media hectárea de superficie. Ellos se ocupan de mantener en buen estado la East Brother Light Station.
"No deja de ser un rincón romántico", dice entusiasmada pero al mismo tiempo advierte de que "uno es hostelero en un lugar donde todo es el doble de complicado". La mayoría de las parejas aguantan dos años y los que más siete.
"Nosotros nos quedaríamos aquí para siempre si hubiéramos encontrado la manera de encargar una pizza", bromea la joven madre. "Realmente tuvimos un tiempo maravilloso aquí, pero queremos irnos antes de que la soledad nos apremie", explica.
La East Brother Light Station está ubicada en el punto más al norte de la bahía de San Francisco. Situada a 200 metros de la costa, ofrece una vista impresionante de toda la ciudad y del puente de Golden Gate. Las ballenas se pasean muy cercanas, las focas descansan en las rocas y las gaviotas son las encargadas de la música de fondo.
Pero a pesar de esas maravillas que ofrece la naturaleza, los vecinos con quienes se puede charlar un poco están lejos. Para poder visitarlos es necesario la ayuda de una grúa que pueda hacer descender un bote del faro. El viaje hasta tierra firme dura un cuarto de hora, pasando por una vieja calle portuaria con muchos baches, describe Stewart el arduo camino hasta la próxima localidad.
No es de extrañar que los amigos no se dejen ver. "En tres años solo tuvimos una visita espontánea de un amigo que llegó a la isla con su kayak para tomar un café", explica Stewart.
El trabajo de 65 horas no deja mucho tiempo para descansar. Cuatro días a la semana, los clientes de la pensión son llevados con el bote a la isla. Se les sirve un menú de cuatro platos y a la mañana son despertados con un desayuno exuberante. Las cinco habitaciones de estilo victoriano deben estar a punto y los huéspedes deben ser guiados a través de la torre del faro, construida en 1874.
Los visitantes pagan hasta 388 dólares la noche para esta aventura única, y todo esto sin ducha. Apenas hay agua en la única cisterna de la isla. El agua potable es transportada en bote y la ropa se lava fuera de la isla.
Los viejos edificios para la luz y la señal de niebla todavía existen pero, entre tanto, el sistema de aviso está regulado automáticamente. Por eso, el puesto de guardián del faro se desocupó a partir del 1970 y la isla estuvo vacía durante diez años. Una asociación de interés común intervino, restauró la torre y el funcionamiento del hotel.
Cada veinte segundos la sirena de niebla manda una señal, "pero no tan ensordecedora como antes", asegura Stewart. Para huéspedes sensibles al ruido, hay tapones para los oídos.
Para abril se busca a los sucesores de Katy y su pareja. Ya recibieron un avalancha de solicitudes. Las personas interesadas deben disponer de un carnet de patrón de barco y les tiene que gustar la cocina. Una relación sólida también ayuda, comenta la joven estudiante de cine por experiencia propia.