Quiero denunciar cuatro casos de crueldad extrema hacia los caballos de los carreros que vi en dos días. El 26 de noviembre, en avenida Alberdi al 100 bis, había un carro al que se la había caído la carga de muebles y colchones. El caballo, delgado en extremo, tenía la barriguera tan apretada que parecía cortarlo en dos. Todo el pasaje del ómnibus (102) se apiadó del animal y hacía comentarios. Esa misma noche, frente a la terminal de ómnibus, cuatro menores golpeaban a un caballito chiquito para que corriera. Eran las 22 y los carreros eran menores. El sábado 27, le pedí a un señor obeso que iba en un carrito tirado por un caballo chiquito en un estado crítico de delgadez, que no lo usara, ya que el animal estaba cojeando y con evidentes dificultades respiratorias. No me contestó y se fue con el consabido latigazo. Llamé a Control Urbano y nadie me contestó. A la tarde fui testigo de la golpiza a otro caballo para que galopara para cruzar el semáforo de Avellaneda y Gorriti. Eran otros dos menores. Ya que no tenía el celular para llamar a Control Urbano, le pedí que no lo castigaran más. Me insultaron, me amenazaron con el látigo y me dijeron textualmente "Me cago en la viejas que cuidan a los matungos y en Control Urbano". Sinceramente, ya no sé cómo ni a quién pedir un poco de piedad para esos animales, cuya existencia es un infierno en manos de quienes no les tienen la mínima consideración ni saben lo que es la tenencia responsable de un ser vivo que sufre, sangra y es torturado a diario. Todos, sin excepción, tienen los pies enfermos y las articulaciones de las patas lesionadas por correr sobre pavimento. Muchos están mal herrados y otros sin herrar. Casi todos tienen enfermedades del aparato respiratorio (enfisema, bronquitis crónica, epistaxis). Todos están débiles, delgados, cansados, tristes. Los ciudadanos contribuyentes han pedido a los señores concejales la prohibición de la tracción a sangre en cartas a diarios, por televisión y por miles de firmas presentadas oportunamente. Señores concejales, la pobreza y la miseria no se solucionan permitiendo el maltrato animal. Basta de demagogia. La sociedad rosarina que trabaja, paga sus impuestos y le da vida a Rosario está harta de que sus calles sean las vías de un calvario para miles de caballos. Ya les hemos presentado fotos, testimonios, documentos, firmas. Qué les falta para prohibir la tracción a sangre y propiciar la tenencia responsable de cualquier animal, nuestros hermanos.




























