Imposible sentirse peor. Cómo entenderlo. De qué manera explicarlo.
Futbolísticamente, no hay nada más duro. Eso es el descenso. Irse a la D, algo inimaginable. Y
menos con este equipo que defendió la camiseta de Argentino dejando todo hasta la última pelota.
Esa que faltó para llegar a la diferencia de dos goles que se necesitaba. Ya está. No queda otra.
Hay que salir adelante, mirar al frente y desde hoy planear el futuro para un pronto regreso a la
C, el lugar que el salaíto perdió por poco a manos de Liniers.
Era casi imposible creer que sucedería. Si hasta la lógica hablaba de mayores
chances para el salaíto, pese al 1-3 de visitante en el primer choque de promoción. Si alcanzaba
con ganar 2-0 hacer valer la ventaja deportiva. Pero el fútbol tiene estas cosas ilógicas. Y
Argentino ganó, pero la diferencia mínima, el 1 a 0, no le alcanzó.
Es que la ventaja deportiva, que también podía incluir el hecho de enfrentar a
un rival de una categoría de amateurismo marrón, a un adversario con jugadores de menores
cualidades técnicas y tácticas, no se reflejó durante los 180’ de la serie. Es que en aquella
primera mitad Liniers había hecho su parte con creces y ayer la defendió con pie firme.
Argentino necesitaba un gol rápido para enseguida ir por el segundo. Lo buscó,
lo intentó, se equivocó, arriesgó, le faltó y falló.
El cero no se rompió hasta los 69 minutos. Ahí la ilusión creció. El gol de
Juárez abrió las puertas, pero se fueron cerrando solas. Se entornaron cuando fue anulado por
offside el gol que gritaba Kapustensky (74’). Casi se cierran de no ser porque Luciano
Andrada tapó con sus pies una clarísima de Gnocchi (83’), con el equipo lanzado y con uno
menos por la tonta expulsión de Murúa al final del primer tiempo, Encina, se escuchó el golpe
cuando el centro de Juárez aterrizó en la cabeza de Chiquito González sin la fuerza suficiente para
superar al arquero de Liniers a los 89’.
El pitazo final acabó con la esperanza de que esta vez la historia cambiara el
final de una promoción. No hubo caso. No quedó un último córner a favor, como revancha cuando
Argentino perdió el ascenso a la B frente a Cambaceres en los segundos finales.
Y se repitieron más historias. Hoy, parecida a aquella del subcampeón de la B
que descendió a la C, el que al año siguiente regresó. Pero la más triste fue allá en 1961, cuando
el salaíto se precipitó más allá de la D, porque el club dejó por decisión propia los torneos de la
AFA hasta el regreso en 1970, otra vez en la C.
Claro, ahora tiene que ser distinto. Argentino deberá jugar en Primera D y
sentar las bases de su recuperación. Estará su gente, los salaítos de siempre.