"Dale, hagámosla", le dice Andrés Calamaro a La Capital cuando se le
propone una nota sobre un tema que sacudió a la sociedad: estrambóticos pagos del gobierno a un
conglomerado de artistas para participar de la Expo-Zaragoza, episodio que publicó este diario y
que por estas horas vuelve a cobrar dimensión por nuevos datos y nombres que se asociaron al
escándalo con clave musical.
No es casual buscar a Calamaro: es uno de los pocos
artistas que jamás aceptó cantar para los gobiernos de turno pese a que la presidenta Cristina
Fernández lo tiene entre sus preferidos. "Desde que volvió a arrancar el ejercicio democrático,
vemos, pertinaz, a un núcleo de representantes de la cultura que quieren, por las buenas,
apoderarse de la credibilidad bienpensante y, quién sabe, llevarse algún subsidio y algún
contrato", dice el prolífico songwriter desde algún país latinoamericano en el marco de una gira
por México, Perú, Colombia, Ecuador y Paraguay. Siempre con estadios .repletos.
A diferencia de muchos de sus colegas, Calamaro siente
placer por leer los diarios temprano por la mañana y se mantiene estrictamente informado de la
realidad política. En medio del conflicto con el agro, recibió su Gardel de Oro y habló de "piquete
paquete", en una de sus salidas chispeantes.
Moneda corriente. "Desde Malvinas que vemos llegar a ilustres de la cultura con
chapa de exilio. Por aquel entonces, los músicos eramos fácilmente tachados de frívolos, aunque el
tiempo nos puso en su lugar. El tiempo siempre pone en su lugar a quien corresponde, aunque cueste
creerlo en Argentina", comenta el Salmón, para quien "otros, inocentemente, y por monedas,
participaron en campañas políticas: no consideraron ni el costo político ni el precio histórico de
eso".
La Capital publicó que hasta el habitualmente vocero
de lo nocivo que resultan las relaciones entre poder y arte (por algo escribió "El hombre
dirigente"), Luis Alberto Spinetta, no pudo ceder a la tentación de cantar en el Salón Blanco y
agradecerle a Alberto Fernández. "Tampoco quisiera ser sarcástico con aquellos que cantaron en el
Salón Blanco: Spinetta, Juanjo Domínguez, Litto Nebbia, por citar a algunos. Son artistas, y
personas, de entera integridad. Creo que se abrieron las puertas de Casa de Gobierno y ellos,
sencillamente eligieron ese escenario sin saber muy bien por qué", suaviza el músico que en pocos
meses más editará una antología de su carrera que, entre muchas perlas, contendrá el tema más
directo que se haya escrito contra la dictadura, y que permanece inédito (sin más detalles).
"Otros personajes de la cultura visitaron la Rosada durante
el gobierno de (Roberto Eduardo ) Viola. Qué apellido cargaba el general...", serpentea Calamaro.
"Y la historia no se apura en juzgarlos, como yo no quisiera condenar a mis colegas que quisieron
cantar para Néstor Kirchner, por quien siento el afecto que corresponde a la investidura",
recuerda. Y lanza una chispeante definición: "Hay que tener mucho cuidado por dónde se mete uno;
sin embargo las puertas abiertas de la Casa Rosada son una invitación a la historia, aunque tiene
tantas puertas que nunca sabemos si entramos o salimos".
Primera línea. Ayer, luego de leer la nota de tapa de la revista Noticias,
Calamaro volvió a hablar con La Capital: "Yo también fui contratado por la ExpoZaragoza, pero
sin intermediación del gobierno argentino. Como es habitual en cada una de mis actuaciones en
España o en cualquier otro país soberano (dentro de lo posible soberano), mi aparición (a mi gusto
un monumental derroche en sí mismo que jamás me cuestioné) se consideró de primera línea, apenas
detrás de la estrella local, Enrique Bunbury, de Bob Dylan. En el mismo plano que Antony & The
Jonhsons. Fue una catarata de artistas. ¡Tanto es así que ni me enteré de que los nuestros eran de
la partida!".
Calamaro no pone en duda "la honestidad ética y
profesional" de Gieco o Nebbia, y asegura que en la nota de Noticias, "una investigación con más
envoltorio que contenido, se recoge la voz de muscos críticos que en anteriores gobiernos ocupaban
rango en el poder cultural (hay recuadro con foto). En algo estamos de acuerdo, el presupuesto
cultural no es cosa mía".
Versos luminosos. También recuerda que "Miguel Abuelo murió con la cuenta de
Sadaic embargada, por un pleito que nos inició el no del todo transparente dueño de un popular
bailable de Ramos Mejía. Quizás Miguel sonreía conmigo cuando Mercedes Sosa, sin la chamarra del
seleccionado nacional de pelota (risas), entonaba los versos luminosos de Miguel: «Himno de mi
Corazón»", en el festival que se realizó el día de la asunción de Cristina.
Lúcido, y en el pico más alto de su carrera, Calamaro le
pregunta al periodista: "¿Tenés el celular de Lole? Quiero verlo y comernos un asado". Ambos
compartieron durante años el mismo hotel en Buenos Aires (el tercero era Cacho Fontana) y desde ese
momento el autor de algunas de las mejores canciones que se hayan escrito en América latina siente
"respeto y admiración" por Carlos Reutemann: "Qué bueno sería que esta vez diga que sí, y sea
presidente. Le mando un abrazo".
Y cierra la puerta como lo que es: un poeta fértil.