No tengo casi palabras en este momento, cuando se cumple un año de la partida de mi pequeño hijo Francisco León. Sí puedo hablar del orgullo de ser su padre y de lo mucho que me va enseñando día a día... a seguir, a tratar de buscar lo mejor en esta vida. Esa fuerza que sólo un hijo puede transmitir a pesar del inmenso dolor. En este momento tan especial quisiera agradecer también. En especial a la gran mamá que le tocó, Natalia Guadalupe Peña, la madraza que él necesitaba, ejemplo de lucha constante para muchos a los que les toca transitar el dificilísimo camino de la enfermedad de un hijo, y su temprana e inexplicable ausencia. Agradecer, a pesar de todo, de eso se trata esta carta. A cada una de las personas que han sido parte de la Comunidad Fuerza León, un grupo de gente, muchos de ellos amigos, conocidos, y otros sin ningún lazo previo pero unidos por el poder invencible del amor y la solidaridad que tanto bien nos hizo en su momento, que tanto necesitamos para intentarlo todo en pos de una posible recuperación de León. Amor y solidaridad que siguen vivos, hoy, para todos aquellos que lo necesiten. Ustedes son leones, ¡todos!, porque con su energía y su luz son capaces de transformar, de dar a quien más lo precise, como lo hicieron con nosotros en el momento más difícil. Por mi bebé, por todos los que esperan y necesitan ayuda, porque sin dudas hay un mundo mejor y gente capaz de construirlo esperamos que se sumen muchos pero muchos más. Gracias hijo Francisco León Payero por ser mi guía. Gracias infinitas. El amor es siempre más fuerte.






























