Economía

Miradas históricas sobre la distribución de la riqueza

La relación entre crecimiento y distribución de la riqueza es un clásico que, con cada nueva etapa política, renueva el debate académico e histórico sobre las características del desarrollo argentino.

Domingo 19 de Octubre de 2014

La relación entre crecimiento y distribución de la riqueza es un clásico que, con cada nueva etapa política, renueva el debate académico e histórico sobre las características del desarrollo argentino.

Muchas veces, la desigualdad es mencionada como causa del retraso relativo no sólo del país, sino de toda la región en general, una suerte de pecado original latinoamericano en el origen de un círculo vicioso que se reproduce desde tiempos de la conquista española.

En torno a estos temas giraron las exposiciones de Jorge Gelman, Luis Beccaría, Javier Lindenboim y Lucas Llach durante la mesa especial sobre "Crecimiento económico y distribución de la riqueza y del ingreso en la Argentina desde una perspectiva histórica" organizada en el marco de las jornadas nacionales de historia económica, que tuvieron lugar en Rosario hace dos semanas.

El mito del país rico. Uno de los tópicos más mencionados cuando se habla de la excepcionalidad argentina es que el país fue uno de los más ricos de la tierra hace 100 años, para después entrar en un declive sin fin hasta el mismísimo día de hoy.

Lucas Llach, con formación tanto en economía como en historia, se dedicó a deconstruir el mito de la "Argentina potencia" en base a datos e interpretaciones de lo que fueron tanto la desigualdad como la distribución de los ingresos en la primera parte del siglo XX.

Primero, una constatación: antes de la crisis de los años 30, Argentina era uno de los países que más rápidamente crecía en el mundo. Luego, desde los años 30 hasta los 70, creció menos que el promedio global.

En el medio, una serie de hipótesis sobre el proceso de declinación que van desde la no integración al mundo, a la crónica inestabilidad política, o la adopción de políticas económicas insostenibles como atajos al progreso.

¿Cómo era entonces Argentina antes de la Gran Depresión? Según Llach, el país estaba bien en términos de ingreso per capita y tenía una buena tasa de escolaridad primaria, pero no tanto como para confirmar que era una nación rica.

"Durante la Belle Epoque Argentina creció y la educación avanzó pero no tanto, éramos ricos en términos de PBI pero no tanto en capital humano, las expectativas de vida estaban por debajo de los países centrales de la época", dijo el investigador, quien precisó que de haber existido un índice de desarrollo humano, en los años 30 Argentina hubiera estado situado en el medio.

Además, en perspectiva comparada existía una enorme desigualdad regional: "En los años 30 Buenos Aires era como Australia, pero las provincias no pampeanas eran como México", graficó.

Si bien los mercados internacionales eran favorables para las exportaciones nacionales, los precios no eran extraordinarios. Uno de los factores que sí explica ese boom de crecimiento fue la revolución del transporte de la mano de la llegada de los ferrocarriles, que se convirtieron en un gran beneficio para lo que era la canasta exportadora argentina, compuesta de productos voluminosos.

"Hubo un golpe de suerte tecnológica respecto a los ferrocarriles", subrayó el académico, para quien el pico de actividad no era demasiado sostenible en el tiempo ya que "la tierra ya estaba toda ocupada y la tasa de exportación estaba muy atada a la tasa de crecimiento". Eso provocó que a partir de los años 20 se creció más por capital, "una especie de crecimiento mas intensivo que extensivo".

Entonces, para Llach, la Argentina del milagro tenía en realidad a los marcadores más profundos de la riqueza en niveles menores a los del PBI, con alta desigualdad regional.

"El crecimiento rápido tuvo una cuota de suerte tecnológica, a lo que le siguió un crecimiento lento basado en el capital, todo con una tasa de inmigración que era una de las más altas del mundo lo que a su vez hizo retroceder el producto per cápita".

Argentina era un país de fronteras abiertas en un mundo que se cerraba y que si bien padeció la llegada de la Gran Depresión mundial, ya crecía a un ritmo mas lento por caída de las exportaciones y saturación del recurso natural.

Tormentoso siglo XX. Una vez establecido que la primera parte del siglo XX no fue sólo el esplendor que muestran las imágenes del Centenario, el panel avanzó hacia el repaso de lo que fueron las décadas que siguieron, que estuvieron marcadas por épocas de diferente color político con un hito reconocido en la lucha contra la desigualdad social como el primer gobierno peronista.

Luis Beccaría, investigador de la Universidad Nacional de General Sarmiento, analizó las características y la evolución de la inestabilidad de ingresos y de la pobreza, así como de la informalidad durante los últimos veinte o treinta años, todas muy relacionadas con la evolución del mercado de trabajo en particular.

"El país tuvo etapas de crecimiento económico con mejoras y con desmejoras en los indicadores de desigualdad, lo que ha generado diferentes escuelas y teorías explicativas", dijo el investigador, según quien en Argentina no hay un patrón claro que explique la relación histórica entre crecimiento y distribución del ingreso.

"Son muchos los procesos que operan en simultáneo, pero creo que una de las claves es entender la parte de las políticas públicas, así como de las dinámicas macroeconómicas y de algunas herramientas en particular como la política de tipo de cambio", señaló.

Beccaría recordó que durante la etapa agroexportadora, el contexto internacional generó una suba de la demanda relativa, lo que estuvo acompañado de la importancia del factor tierra.

"La gran oferta de inmigrantes no permitió una gran suba de salarios, lo que empeoró por la concentración de tierras con desigual acceso".

Según el investigador, el primer peronismo generó una significativa mejora distributiva a través del aumento de la demanda del trabajo calificado, la baja de las rentabilidades rurales, y una importante transferencia de ingresos generada por el papel de las políticas laborales y de ingresoy el rol desempeñado por los sindicatos. "Fue un período de gran cambio distributivo", afirmó Beccaria.

Entre los 50 y los 70 las tasas de desigualdad se estabilizaron, lo que generó toda una discusión sobre los efectos redistributivos de la etapa de sustitución de las importaciones: "Tuvimos un proceso industrialista con variaciones en la demanda de trabajo calificado, y con gran diferencia de productividad entre los sectores".

Esto llevó a que no hubiera una mejora de la desigualdad a pesar del crecimiento, lo que estuvo acompañado de inestabilidad macroeconómica y recurrentes déficits externos.

La etapa inaugurada en los años 70, que se prolongó hasta la gran crisis de 2001/2002, estuvo signada por el estancamiento y una gran inestabilidad macroeconómica con suba de la inflación y aumento de la brecha entre las remuneraciones.

Los 90 fueron años de crecimiento pero con fuerte desmejora de la desigualdad, ampliación de la brecha salarial, y suba del desempleo. Los 2000, o la posconvertibilidad, llegaron con crecimiento con mejoras distributivas claras al principio, y una suba de la demanda de trabajadores no calificados.

La posconvertibilidad. El cierre del panel estuvo a cargo del economista Javier Lindenboim, del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo de la UBA, y giró en torno a tres grandes ejes: distribución del ingreso, inversión y dinámica sectorial del empleo.

A modo de introducción, el especialista señaló que el período de los años 80/90/2000 tuvo un saldo "no muy auspicioso", con grandes vaivenes y oscilaciones que terminaron en la crisis de finales de 2001.

Sobre esa base hay que entender lo que vino después, con una década que estuvo signada por una recuperación "desde lo más profundo del pozo", durante la cual la productividad mejoró, pero también se fue alejando del centro como tendencia, todo en el contexto de un notable cambio en los términos de intercambio.

¿Qué ocurrió con el empleo durante los gobiernos kirchneristas? En la década comprendida entre 2002 y 2012 las tasas de actividad se mantuvieron estables, y aunque hubo una recuperación de los salarios no se mejoró respecto a los 90. "Los asalariados están hoy en niveles de precariedad similares a los de 1992. La participación de los salarios en 2002 era igual a la del 86, en 2012 es mejor pero muy parecida a la de los 90".

Esto significa que el salario real se recuperó, pero con niveles no muy elevados. Lindenboim señaló los intensos cambios de la participación de los salarios en la generación de la riqueza como una característica de la Argentina del último medio siglo.

"Los salarios reales bajan desde los 90 y se estabilizan en los 2000, entre 1993 y 2012 estuvieron casi en el mismo nivel, y hoy la relación entre salarios y PBI no es del 60 por ciento como dice el Indec, sino del 46 por ciento", apuntó el economista.

Desde su visión, la gran mejora de los años 2000 fueron en realidad los términos de intercambio.

Respecto a la utilización del excedente, señaló que desde la década de los 80 caen las inversiones de los sectores empresarios.

A modo de conclusión, el experto consideró que en materia de empleo, pese a la baja de la presión de la oferta, hay tensión en el mercado laboral, y que la idea de mejorar la productividad en realidad "empeora las perspectivas". En relación a la distribución, mencionó que el alza de la productividad debe ir acompañado de una mejora de la participación salarial, para lo cual necesariamente "hay que acordar".

Por último, recordó que la caída de la inversión interpela a las empresas, que no la aumentaron pese a la mejora en los excedentes. "Entonces ¿quién se comió a quién?", se preguntó, para responderse que los sopapos al final "fueron más simbólicos que reales".

Estadísticas, un problema. Una de las mayores dificultades que encuentran quienes se sumergen en datos históricos es el acceso a fuentes de información confiables y rigurosas que permitan, además, establecer comparaciones de diferente tipo. Jorge Gelman, historiador e investigador del Conicet, repasó los problemas metodólogicos que afrontan los profesionales que intentan establecer criterios sobre la desigualdad y la distribución del ingreso en el país antes del siglo XX.

"Uno de los mayores problemas para estudiar la desigualdad en el tiempo es la falta de estadísticas para antes del siglo XX", dijo, para agregar que por ese motivo es necesario recurrir a otras fuentes o metodologías, con la idea de establecer una agenda de investigación. Según mencionó, una forma seria de encarar la investigación es tomar los censos económicos y fiscales. Otra buena manera puede ser comparar la evolución de los salarios y los precios de la tierra.

Otra posibilidad es la antropometría, que permite por ejemplo medir las condiciones de vida de los primeros años de la vida de las personas según su estatura una vez adultos: "Para eso sirven las mediciones que hacían los militares", afirmó.

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