“Las principales anclas de la política económica del gobierno comienzan a resquebrajarse, y con ellos todo este esquema insostenible, basado principalmente en un brutal y ajuste y recesión económica”. Así describió Celina Calore, titular del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso) en Santa Fe, las fuertes turbulencia por las que atraviesa actualmente la economía. Desde su punto de vista, la sucesión de medidas económicas tomadas tras la fallida conferencia de prensa del 28 de junio, y fundamentalmente el anuncio de intervención oficial en el mercado financiero del dólar, forma parte de “una estrategia a todo o nada” para defender su plan.
La economista recordó que la administración de Javier Milei apeló a una serie de anclas, entre ellas la cambiaria y la monetaria, para sostener el objetivo de desacelerar la inflación, luego del pico a la que la llevó con la megadevaluación de diciembre. Pero ahora empezaron a ceder y “estos pequeños logros que el gobierno venía mostrando como desacelerar la inflación o sostener una brecha baja empiezan a deshacerse”. Y los mercados comenzaron a presionar sobre el tipo de cambio “en una coyuntura en la que el gobierno no pudo juntar los dólares necesarios para cumplir con el programa que tiene con el FMI”.
La conferencia de prensa que brindaron el ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, en la que anunciaron la “fase dos” del programa económico, no hicieron más que disparar la brecha entre el dólar oficial y el paralelo.
Las anclas que usó el gobierno para sostener su política económica provocaron una fuerte de recesión. “Hay fuertes caídas en la producción, el consumo masivo y las exportaciones tampoco se incrementan porque el sector agroexportador no encuentra la rentabilidad que quiere para liquidar sus granos”, explicó durante una entrevista con el programa radial La Banda Cambiaria. Los salarios, agregó, “siguen muy deprimidos y, pese a la desaceleración de los últimos dos meses, la inflación se comió ya buena parte del poder adquisitivo de los trabajadores y de los jubilados”. Por eso cayó fuerte la demanda, mientras subían los costos de los servicios que afectan a los hogares y al sector productivo.
En medio de esta “brutal recesión” transcurrieron “seis meses en los que el gobierno no pudo mostrar un plan sostenible”.
En este contexto, la intervención anunciada por el presidente y el ministro de Economía en el mercado financiero del dólar es “una estrategia a todo nada”.
La mirada del FMI y el plan del gobierno
“Puede ser que se reduzca la brecha en el corto plazo pero no está claro hasta dónde va a tener poder de fuego el Central para seguir interviniendo y poniendo en riesgo las reservas”, señaló. En este punto, advirtió, “el jugador importante es el FMI, que no está de acuerdo con este tipo de políticas”.
El Fondo presiona para que la Argentina junte los dólares para repagar la deuda tomada durante la anterior gestión de Caputo con el mismo FMI y con los privados. “Sabemos que el año que viene se vienen vencimientos muy importantes y prácticamente impagables en estas condiciones”, enfatizó Calore. Y el organismo multilateral pretende, contra lo que está haciendo Economía, que “se devalúe el tipo de cambio oficial para cerrar la brecha y acumular reservas”, sin fijarse mucho en el resto de las condiciones internas, “aunque se muestre mucho más sensible que el propio gobierno en lo que tiene que ver con la situación socioeconómica”.
La economista entiende que el Fondo tendrá “un rol decisivo” en la disputa abierta, incluso, dentro del propio gabinete, ya que “es quien en definitiva va a terminar garantizando al gobierno que no caiga en default”. Pero para eso debe cumplir sus recetas.
Esta puja entre el ministro y el Fondo no es nueva. Replica en parte la pulseada abierta tras la crisis de 2018, cuando tras otorgar un préstamo inédito al gobierno de Mauricio Macri, el organismo limó la continuidad del entonces presidente del Banco Central por rifarse parte de esos recursos en el mercado cambiario, en un intento desesperado por contener la devaluación. “Hay coincidencias; Caputo, que ya en aquel momento mostró que sabe de mercado financiero pero no de cómo conducir la economía de un país, redobló esa apuesta en su nuevo rol de ministro de Economía”, señaló.
La caída de la actividad económica
El resultado, concluyó, es que “está destruyendo” la macroeconomía. “Hoy no tenemos consumo, no tenemos producción, no tenemos industria ni tenemos dólares, que entiendo que fue la promesa que le hizo a Milei para que lo ponga en este lugar”, describió la economista del Ceso. Y ahora, con el ingreso al gabinete de otro actor conocido y “que tiene una visión más alineada con la del FMI”, como es Federico Sturzenegger, enfrenta una puja que probablemente le cueste el cargo “si no logra estabilizar definitivamente la economía”.
La última carta política del ministro de Economía es bajar la inflación, que en junio encontró un piso duro de bajar. “El gobierno dice que, tal como prometió, está bajando la inflación, pero lo cierto es que esa desaceleración está basada en una disparada fenomenal en el mes de diciembre, por la devaluación que hizo el propio gobierno”, recordó Calore, quien aclaró que el ritmo de aumento de precios sigue “muy alto”, a pesar de que el gobierno “está postergando muchas cosas que dijo que iba a hacer, como los aumentos de tarifas”.
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“Milei quiere mostrar ese logro y la sociedad está un poquito complaciente en ese sentido, a pesar de que todos la estamos pasando mal, porque no quiere mirar para atrás”, analizó.
Pero todo el frente económico está bajo presión. Si bien el ministro de Economía mostró en la última semana que las cuentas públicas cerraron con superávit por sexto mes consecutivo, el “ancla fiscal” también está bajo la lupa. Es que el gobierno “se propuso lograr un superávit a través de la baja del gasto público y no en la recomposición de ingresos”. Y el ajuste en los jubilados, la obra pública, las provincia, las universidades y el empleo público, entre otros rubros, “provocó una fuerte recesión que hace que la recaudación del Estado caiga fuerte”. De esta forma, “ese superávit empieza a tambalear porque ya no tenés demasiadas vías más para seguir ajustando y, si para graduar las subas de tarifas no quitás subsidios, también pesa sobre el gasto, hay una insostenibilidad muy fuerte”.
“ Tal vez el gobierno está viendo que, con la aprobación de la ley bases y el paquete fiscal, va a tener cierta recomposición en la recaudación por la reposición de Ganancias a la cuarta categoría y por Bienes Personales, que si bien a la larga lo reduce hasta casi eliminarlo, el régimen contempla un anticipo de lo que hay que pagar en cinco años. Ahí va a tener tal vez una cajita más pero de corto plazo”, concluyó.