Economía

La filosofía del gasto

"El ensueño que despierta en las mayorías no anestesia el humor de la cotidiana realidad"

Martes 29 de Mayo de 2018

Los Estados desde el siglo XX asumen más y más protagonismo en la vida económica, dejando atrás
los servicios básicos propios de su concepción como institución que brinda asistencia en educación,
justicia, salud y defensa para incorporar nuevas funciones, regulaciones y controles que no siempre
han resuelto la problemática que les diera origen.


Concretamente si el tamaño del Estado tendría una correlación directa con la solución de los problemas, ya no tendríamos que quejarnos, puesto que el peso del Estado en la economía creció formidablemente y los problemas se reciclan.

Para comparar internacionalmente el peso del Estado en la economía, se utiliza el ratio Gasto Publico/PBI. Durante la última década este paso del 17,4% (2004) al 37,8% (2015) y con la consecuente presión fiscal que pasó del 25% al 33% (subestima la presión efectiva dado que sólo contempla a los que tributamos por estar en "blanco").


Lo cierto es que este mayor peso del Estado en la economía y su protagonismo a la hora de la mayor
asistencia con sus servicios sociales, tiene claramente que ser financiado de alguna forma. Las mayores erogaciones se sostienen con mayores niveles de recaudación (impuestos) o repartiendo lo que no generamos asumiendo compromisos (deudas) que hay que pagar y condicionan el margen de acción privado.

Corrigiendo el componente de informalidad, la presión real efectiva pasa del 30,5% del PBI en 1980
a 48,7% en 2014, es decir un nivel de presión recaudatoria similar a Dinamarca, aunque en Argentina
con un PBI per cápita que es menor al 50%.

Decía que la mayor participación del Estado en la economía tiene un costo y puede ser asfixiante dado
que desplaza al privado en la iniciativa de producción por los altos costos de sostener esta política. Así
es que el Estado argentino viene creciendo más que la recaudación, si no, no se explica por qué en 57
años (1961-2017) tuvimos 53 años en déficits. ¿Será cultural?

El Estado para cumplir con sus obligaciones eroga fondos públicos en: a) consumos, b) inversiones, c) transferencias no vinculadas a una contraprestación (jubilaciones y rogramas sociales), d) servicios
de deudas (intereses).


Para financiar su actividad debe recaudar impuestos: a) a los ingresos, las ganancias de las personas, b) transacciones, producción y ventas de bienes y servicios, c) patrimonio sobre la posesión de activos tales como los inmuebles. Nuestro sistema impositivo enfoca el criterio de recaudación principalmente sobre el consumo (casi un 50% de la recaudación total y otro 25% provienen de los impuestos al trabajo).

Límites

Todo tiene su límite, y el Estado debería tenerlo. Cuando la recaudación no alcanza a cubrir las erogaciones, hablamos de déficit fiscal (primario). Si al primario le sumamos intereses, se consolida el déficit total. La inversa es superávit fiscal (cuando los ingresos son superiores a los gastos totales).

En el periodo 2007-2017 Nación pasó de tener un superávit del 1% del PBI a un déficit del -6,8%. Durante el mismo período las provincias del -0,2% al -0,9% del PBI. En estos 10 años, la Nación incrementó el empleo público en +48% y las provincias en un +36%. Claramente el Estado operó como una aspiradora de empleo (actualmente, el empleo público suma 3,1 millones de personas).

La restricción presupuestaria en un gobierno opera en la práctica como la de cualquier persona física,
sólo que para el caso del sector público puede acudir a herramientas de financiación que los privados no podemos generar.

Los desfasajes de presupuestos (déficits) pueden sanearse vía:
•Endeudamiento: con el sector privado y con organismos internacionales. El problema puede empeorar si la deuda crece más rápido que la economía y su capacidad de repago (defaults). Los incumplimientos tienen consecuencias de crédito, de riesgo país y de tasas a la que podrían prestarnos nuevamente. Nuestra ratio de deuda/pbi es 59% en la actualidad.

•Emisión de dinero: la teoría y la práctica han ya demostrado la relación directa que hay entre la emisión y la presión inflacionaria. Sanear el déficit emitiendo dinero tiene graves consecuencias (hiper), pérdida de credibilidad de la moneda y por ende su valor.

•Vendiendo reservas del Banco Central, para prestarle fondos al gobierno, modificando la composición de sus activos y sin alterar la base monetaria.

•Vendiendo activos (privatizando empresas estatales), política implementada en la década del 90 para
financiar los des-ahorros del sector público.

Argentina es un país de enorme volatilidad y con una política fiscal muy desordenada que nos condiciona hace décadas a un círculo vicioso de inventar mecanismos de financiación permanentes para "no tocar" el gasto, dado que el argumento central es que más del 65% del mismo enfoca a la asistencia social y ajustar por este lado traería más consecuencias indeseadas. Es bueno también "ver" lo que no se ve y es justamente cual es el costo de oportunidad de esta política.

Según el manual, la política fiscal podría operar anticíclicamente, aumentando el gasto en épocas recesivas para reactivar temporalmente la economía y en épocas de expansión debería disminuir el gasto.

Lo cierto es que esta lógica en nuestra economía no tiene correlato, ya que el gasto crece independientemente del contexto, junto con él la presión tributaria que retrasa y hasta anula oportunidades de desarrollo en el plano privado.

Déficit recurrente

En la economía participan agentes privados, públicos y grupos de presión, quienes tienen objetivos
particulares, no siempre compartidos por todos. Cada cual opera en maximizar sus propios beneficios
y gastando recursos que en muchas circunstancias no generan, trasladando sus déficits al resto de los agentes.

Votamos en democracia gobiernos que por medio de sus funcionarios asignan los fondos públicos (producto de la recaudación básicamente) a objetivos que no siempre son compartidos por el interés público. Cada funcionario gestionará la asignación que considere más conveniente a sus objetivos y le sean conducentes a la continuidad de su cargo.

Por otro lado, los distritos (24) que forman parte de nuestro federalismo tienen autonomía para asignar recursos. En promedio, los ingresos propios de 14 de las 24 provincias representan a lo sumo un 31% de los ingresos totales anuales, es decir que dependen de la administración central en más de 2/3 partes para cubrir sus déficits.

Cuando nos acercamos al FMI o acudimos al mundo a pedir prestado, no temamos las consecuencias. En verdad buscarlos, depende de nosotros, de nuestra filosofía de gasto. El resto es patear la pelota para adelante.

De esto también se trata la economía.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});