Economía

La agenda impostergable

Vamos dejando atrás los días fríos y cortos para darle pasos a los mas cálidos y de mayor luminosidad.

Domingo 29 de Septiembre de 2019

Digamos que el inicio de la primavera desde lo emocional implica una renovación de las expectativas. Vamos dejando atrás los días fríos y cortos para darle pasos a los mas cálidos y de mayor luminosidad. Así como la naturaleza renace cada año en esta época, ¿será que la economía pueda seguir la misma suerte? ¿Al menos en términos de expectativas?

La economía no es un juego, pero los experimentos, la imprudencia de quienes conducen la cosa pública y esta enfermiza costumbre de repetir las mismas recetas que sobradamente dieron muestras de su fracaso, se pagan en la calle con: décadas de déficits que nos hacen mas vulnerables, un asistencialismo creciente que profundiza la decadencia, las deudas (y el criterio de su utilización), una inflación desbocada, tasas de interés galácticas, una moneda despreciable, reglas de juego descartables, desconfianza, desconcierto, populismo y, volvemos a empezar.

Asumamos por un momento qué somos un club deportivo. Hace más de 70 años qué no ganamos un torneo oficial, seguimos en caída libre, bajamos cada año de categoría, los jugadores que podemos acceder claramente son de un nivel cada vez mas más bajo y en el mismo escenario, los dirigentes se hicieron ricos y los socios que pagan la cuota somos en gran parte rehenes de este destino. Los datos de la realidad lo indican.

Seguimos jactándonos qué somos diferentes y superiores porque en algún momento pudimos construir un predio, ganar un campeonato y porque individualmente tenemos más de una estrella, pero: como equipo, estamos al horno. Entramos a la cancha enemistados, no tenemos un plan de juego, no tiramos una pared y si podemos, hasta nos hacemos algún que otro gol en contra, como si creyendo que así vamos a derribar al técnico, cuando lo que se hunde es el equipo y la institución en conjunto.

El verdadero desafío

A base de golpes, la gran mayoría nos estamos dando cuenta adonde estamos parados, más allá que las urnas indiquen lo contrario. Digo que en algún momento vamos a razonar sobre criterios básicos sobre cómo llegamos a este estadio y como el mundo logro superar estas instancias. Aquí seguimos discutiendo poder de un club fundido.

Está claro que con cuentas deficitarias para sostener artificialmente lo que podría producir y hoy genera gastos, es inviable pensar en un horizonte diferente.

Después como lo financias es otro tema (deuda o impresión), pero eternamente no podemos seguir narrando el problema y no encaminar la solución.

Solo para enfocarnos en los últimos 10 años, la población creció +12% cuando la economía tan solo un +9% (es decir 0.9% anual), técnicamente estamos estancados pero en un mundo que avanza, lo que resulta es que claramente retrocedemos.

Al igual que un club fundido, el presente amerita de soluciones alternativas a las hasta aquí ensayadas, que se alejen de las prácticas que nos involucionan y consensuar lo que viene a criterio, con visión de largo plazo y fundamentalmente, con un esfuerzo compartido (más enfocado en quienes hasta hoy no lo hicieron).

Es mucho pedir, pero este el único camino que nos puede devolver las expectativas.

Pagamos los costos, pero ¿cuándo una buena?

Todo en la economía se inicia cuando alguien, estudia las necesidades propias o de su prójimo. De brindar soluciones a esa necesidad se trata, y a partir de la solución, alguien estará dispuesto a pagar un precio por ella. Allí comienza a rodar el privado, el único que genera valor agregado en la economía y que luego el Estado en sus diversas manifestaciones potencia o destruye este iniciativa.

Las potencia, cuando el Estado se dispone a brindarle soporte a las iniciativas privadas, restándoles burocracia, cargas administrativas, impuestos y compitiendo a la par de quienes generan las riquezas que luego se distribuyen en función del aporte que cada parte agrega en la cadena de valor.

Las destruye, cuando el Estado se antepone entre privados en la lógica de la dinámica económica, creando un entramado impositivo indescifrable, generando burocracias que desalientan iniciativas e instalando la ideología de distribuir lo no generado, como si por arte de magia la riqueza fuera obra de los deseos y no de un trabajo planificado.

Últimamente las ideologías vacías de contenido pero de estridentes mensajes, nos fueron alejando entre pares, distanciando de la realidad y del mundo que crece.

Independientemente de quienes sean los que próximamente tomen las riendas de este caballo desbocado, hay un agenda impostergable que abordar y es la de recomponer la dirección, el norte de nuestra economía, acordar un rumbo y sostenerlo, requiere consenso, pero sin él, el futuro es inimaginable en términos lógicos.

La agenda impostergable…

• Un Estado que compita a la par de los privados, menos costoso y más eficiente.

• Que priorice la iniciativa privada, estimulándola con una menor carga impositiva.

• Que asegure los conceptos de la libertad económica y propiedad privada, que la administración trace un futuro previsible y coherente.

• Y que la justicia deje atrás las cenizas que hoy sepultan su valor.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS