Economía

El mundo de Idea presiona sobre la realidad de la economía

El tradicional foro empresario fue refractario al gobierno, que contestó con números. La encuesta reflejó más optimismo que las declaraciones

Domingo 18 de Octubre de 2020

¿Qué país queremos ser? Se preguntaron los empresarios que participaron del 56º Coloquio de Idea, mostrando con claridad que la Argentina en la que viven no es la que quieren. Con un diagnóstico centrado exclusivamente en los altos niveles de pobreza, la falta de reglas claras y la crisis de institucionalidad, estuvieron ausentes del debate el conjunto de políticas públicas que llevó adelante el gobierno nacional en la pandemia, como la renegociación de la deuda pública, la asistencia económica del Estado para que el sector privado pueda pagar sueldos, o los ingresos destinados a la población más vulnerada, que oficiaron como un colchón para paliar los estragos que generó la crisis sanitaria en el país y el mundo.

Esa definición política de plantarse frente a esta compleja e inédita realidad con un discurso muy crítico hacia la situación del país, tuvo su contracara en los datos más duros expresados en la encuesta de expectativas _que surge del propio sector_ donde un tercio de los consultados manifestó ver un leve repunte en la situación económica del país, apalancado justamente por decisiones del gobierno nacional como el aumento de la producción, la asistencia a la población mediante el IFE, el acuerdo con los acreedores y la reapertura de industrias y comercios.

Así como los datos socioeconómicos de la Argentina son incontrastables y muestran que casi el 50% de la población cayó bajo la línea de la pobreza, el principal debate empresario del país que tuvo lugar esta semana, no buscó indagar sobre las causas de esta durísima realidad que se profundizó en los últimos cuatro años, en gran medida por medidas económicas de un modelo al que adscriben, y que escaló con la pandemia. “El IFE dejó al descubierto que había 9 millones de argentinos fuera del sistema que el Estado no sabía qué hacían, un 20% de la población, eso fue lo que recibimos”, dijo para contextualizar el presidente Alberto Fernández al abrir el coloquio.

Y se ocupó de puntualizar que asumió con “una Argentina recesiva, de dos años de caída permanente del consumo, donde cerraron más de 25 mil pymes, donde se había potenciado el desempleo y la precarización del trabajo bajo la forma del monotributo”, y “todo eso pasó en el tiempo donde el gobierno (de entonces) decía estar preocupado por los empresarios”, aclaró ante el público de Idea que siempre empatizó ideológicamente con las políticas del macrismo.

“Argentina estaba en terapia intensiva cuando llegamos y luego apareció el coronavirus”, dijo el mandatario para dimensionar la crisis.

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“Llevamos adelante el programa de Asistencia a la Producción y el Trabajo (ATP) con el que llegamos a más de 236 mil empresas, muchas de las cuales sin la asistencia del Estado hoy no existirían, y eso benefició a 2,5 millones de argentinos”, planteó ante los ejecutivos, muchos de los cuales recibieron ese aporte.

Los empresarios, en cambio pusieron el foco en otros puntos y miraron el vaso medio vacío. “Hay un país que queremos ser, y este que tenemos”, planteó el presidente del coloquio y director de Idea, Roberto Alexander, quien aclaró que “no se trata de refundar ni empezar de nuevo, pero sí de construir sobre reglas claras”. La misma condición que juzgaron los empresarios como necesaria para invertir, según dejaron en claro en la encuesta de expectativas que elaboró la consultora D’Alessio Irol, donde la “estabilidad institucional”, ranqueaba primera.

Dos agendas

Para la semántica empresaria ese deterioro de la calidad institucional se expresa hoy “en el proyecto de reforma judicial y en medidas que van más allá del estado de derecho”, según planteó la presidenta de Transparencia Internacional, Delia Ferreira Rubio, en referencia a las restricciones impuestas por la pandemia. Y es, además, otro de los factores a atender para aumentar la competitividad del país, sumado a una reforma impositiva y laboral, según dijeron los empresarios en la encuesta.

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Sin embargo, para la ex presidenta de Chile y Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, la falta de calidad institucional adquiere otro significado y está más vinculado a las desigualdades. “Hoy hay un profundo distanciamiento y descontento con modelos económicos que generan mayor pobreza y riqueza no compartida”, dijo y eso se manifestó en la escalada de protestas sociales en los últimos dos años.

En esa tónica, el sociólogo y docente de UBA Nahuel Sosa, también reforzó ese eje, pero desde una mirada local al eje al señalar que “lo que divide al país no es la grieta, sino la desigualdad”.

Por eso, Bachelet les planteó a los empresarios que, frente a escenarios tan críticos como los que atraviesa el mundo, es clave “contar con programas de protección social que permitan a los más vulnerables tener opciones” ya que, si bien “el costo de generar esquemas de protección social a corto plazo puede parecer alto, el costo de no tenerlos, como lo estamos viendo en la pandemia, son muchos más altos “, dijo para desmarcarse de las políticas que propician el recorte del gasto público a cualquier precio. “Veo una creciente insatisfacción por un conjunto de temas no sólo en lo económico sino socioeconómico por el trabajo mal remunerado, en negro, condiciones laborales no siempre óptimas y discriminación a la mujer”, planteó como una deuda que tiene el sector privado.

Así, los debates del coloquio parecían transitar por carriles distintos. Por un lado, los líderes políticos y sociales mostrando la experiencia sensible de la realidad, y por otro, la filología empresaria en la cual la meritocracia sigue siendo un valor que cotiza alto. “Es un sueño compartido la prosperidad para todos”, dijo Eduardo Braun, director del Grupo Supervielle, quien señaló que a los empresarios los movilizan valores como el trabajo, el ahorro, la inversión y la creación de empresas que crean trabajo y reducen la pobreza”. Y es “importante sostener el valor del esfuerzo individual, que tiene sentido colectivo y puede llevar a la movilidad social”, agregó Verónica Andreani, directora de Idea y del Grupo Logístico Andreani, al analizar el problema de la pobreza.

Pero ante la magnitud de la crisis generada por la pandemia, el reclamo por una sociedad más equitativa también llegó de boca de una funcionaria del gobierno de Cambiemos, como fue la ex canciller Susana Malcorra, quien planteó que “cuando tenemos una sociedad con el nivel de pobreza como el actual, no podemos no pensar en una forma de redistribución”.

“Los que más tienen deben ser conscientes de que hay muchos argentinos que tienen poco o nada”, con lo cual “el diseño de proyectos en adelante tienen que tener en cuenta esto”, dijo y señaló que “no vamos a llegar a un mundo ideal si cada uno no cede algo”. Oportunas palabras en un contexto en el cual hay una fuerte resistencia a avanzar en la aprobación de la ley de aporte solidario y extraordinario sobre las grandes fortunas, que según datos de la Afip alcanzaría a unas 9.298 personas que tienen más de 200 millones de pesos y que aportarían 307 mil millones de pesos al Estado nacional.

Pobreza y economía social

Alejandro “Pitu” Salvatierra, miembro del Instituto Villero de Formación, desnudó la cruda realidad que viven los barrios populares. “La pobreza se agudizó y amplificó con la pandemia”, dijo, porque “el 90% de la gente en los barrios populares si no trabaja no come”.

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“En Ciudad Oculta le dábamos de comer a unas 400 personas en comedores y ahora suman mas de 780, con la complejidad que estos nuevos comensales nunca habían necesitado esta asistencia para subsistir y se acercan avergonzados, angustiados por la situación indeseable de tener que hacer la cola para recibir comida”, planteó el dirigente y fue enfático: “Nosotros retrocedimos 20 años en esta pandemia”.

En el marco del coloquio dedicaron un espacio para detallar los alcances del programa solidarios SeamosUno, que desarrollaron los empresarios y de la que participaron grandes figuras del deporte y el arte, que distribuyó un millón de cajas con 56 millones de raciones de comidas en barrios periféricos durante la pandemia, utilizando la logística y los insumos de las distintas empresas involucradas.

Pero más allá de la masiva iniciativa que permitió atender la urgencia del hambre, y frente a la manifiesta intención de los empresarios de contribuir a resolver este tema, Salvatierra aportó ideas concretas a futuro que den un salto por encima de la asistencia. “Necesitamos que los emprendimientos productivos de los barrios puedan acercarse a las cadenas de valor de las empresas para ser autosustentables”, dijo y planteó que este escenario abre “una gran oportunidad en la economía popular” que hoy, en lugares como Caba la llevan adelante cartoneros realizando reciclados urbanos, huerteros en ferias ambulantes, cuentapropistas de la construcción, talleres textiles y quienes elaboran comidas.

Para el dirigente, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que dispuso el gobierno, fue clave. “Es infinita la cantidad de gente que utilizó el IFE en los barrios de una manera productiva y con esos 10 mil pesos encontró la forma para producir mayores ingresos”, dijo.

Esos datos muestran cómo el entramado social en los barrios populares y asentamientos precarios se modificó con la pandemia. “Las organizaciones sociales y comunitarias salvaron vidas”, dijo Sosa, destacando el rol de trabajadores que se organizaron en ollas populares o distintas formas de producción en la economía popular, que reúne a más de 4 millones de personas en el país, que son “trabajadores excluidos del mercado formal o campesinos desplazados de sus tierras que reinventaron su trabajo”, agregó. Incluye a comunidades agrícolas, vendedores ambulantes, quienes hacen changas, etcétera y “constituyen un sector muy importante para salir de la crisis, porque cuando más rápido inyectás fondos allí, más rápido se activa el consumo”, detalló el sociólogo de la UBA.

>> Leer más: Bachelet: "Respetar los derechos humanos en las empresas comienza respetando los derechos de los trabajadores"

Pero incorporar a la economía popular como un dinamizador de la actividad y un actor clave para salir de la pobreza, exige otra valorización del sector. En ese sentido, Sosa alertó sobre “un avance de discursos del odio”, donde además de la injusticia económica “hay una injusticia simbólica, del no reconocimiento hacia el otro”, que pone de manifiesto las desigualdades y por el cual el pobre tiene la culpa de su situación”, dijo, en una “revictimización de la víctima”.

El debate del coloquio pivoteó por tres ejes: el económico, el social y el ambiental, todos desafíos a afrontar en el mundo pospandemia, que según todos coincidieron, aún no llegó y lo que viene será un mundo más áspero. “El Covid 19 no ha sido el gran igualador como muchos pensaban al comienzo, más bien ha sido el gran amplificador y el gran espejo, de los daños en los ecosistemas y de la inaguantable desigualdad y polarización social”, dijo Otto Scharmer, profesor del MIT.

Comercio e integración

En ese punto, el canciller Felipe Solá reconoció que “las democracias están inestables porque no pueden responder a la demanda económica de la mayoría de los pueblos, debido a que están endeudadas o descapitalizadas”. Y en el mundo que se viene “el rol que se nos asigna a los países endeudados es endeudarnos más para suplir una brecha en la balanza de pagos o exportar más”.

A su juicio, “esto último no es sencillo porque aún antes de la pandemia para revertir el déficit de la balanza comercial requeríamos que nuestros acreedores redujeran sus superávit y no estaban dispuestos a hacerlo antes y mucho menos ahora, debido a que los países tienden a cerrarse aunque digan lo contrario y exalten el multilateralismo”.

Para Marcelo Scaglione, quien fue subsecretario de Estado, representante ante la Ocde durante el gobierno de Macri, “si en Argentina nos quedamos encerrados únicamente para vivir con lo nuestro, no alcanza”, dijo y señaló que “hoy tenemos acuerdos con la UE, con la Asociación Europea de Libre Comercio (Efta) y debemos profundizar el Mercosur, aliarnos estratégicamente con la Alianza del Pacifico, cerrar acuerdos con América del Norte y mirar con ambición lo que pase en Africa y China en la ruta de la seda”.

“La integración al mundo también tiene que ser un valor compartido”, planteó.

Solá coincidió con este diagnóstico al considerar que “Argentina tiene que seguir con el Mercosur, introduciendo al sector automotriz en la unión aduanera, bajando el arancel externo común y mantener una mejor relación con Europa y Estados Unidos”, dijo. También planteó que “hay una gran oportunidad en Africa subsahariana para vender know how agrícola, servicios y contenidos culturales que superan los 7.000 millones de dólares anuales y superan a las exportaciones de maíz”.

“Desde el punto de vista de posibilidades de exportación, Argentina tiene un enorme campo acción si se sitúa en la cadena agroindustrial con productos alimenticios de alta calidad para personas, con equipamiento y productos farmacéuticos veterinarios y con genética animal y vegetal”, dijo y planteó que hay que ir en busca de nuevos mercados como la región del mundo árabe “donde están los fondos grandes y es un mercado con el que tenemos alta complementariedad”.

Guzmán le bajó el tono a la tensión cambiaria

El valor del dólar paralelo no representa la realidad argentina. Así de contundente fue el ministro de Economía, Martín Guzmán, al analizar la realidad económica del país en la última jornada del 56º coloquio de Idea, frente a un auditorio que apostaba mayoritariamente a una disparada de la divisa, según quedó evidenciado en la encuesta de expectativas. Y en una mañana donde la divisa informal registraba un fuerte salto.

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El ministro de Economía.

El ministro de Economía.

Frente al auditorio, Guzmán también aseguró _en sintonía con lo que días atrás había planteado el presidente Alberto Fernández_ que no habrá devaluación porque el gobierno tiene “los instrumentos para mantener la política cambiaria” y dijo que la inflación anual de este año será menor al 40% previsto por proyecciones privadas.

El titular de Economía planteó que “los controles de capitales no deben ser permanentes, pero necesitamos más reservas” y adelantó que habrá medidas para facilitar operaciones financieras con divisas.

“Estamos haciendo una administración de una emergencia económica que se profundizó en el contexto de la pandemia y al mismo tiempo hay un progreso sólido en temas fundamentales para ordenar la economía argentina”, entre los que mencionó la reestructuración de la deuda externa.

Guzmán fue un actor clave en la renegociación de la deuda pública de la Argentina, lo que los empresarios consideron como uno de los elementos positivos a la hora de considerar la situación económica del país de cara al próximo semestre. Sin embargo, el desendeudamiento llamativamente no fue un tema que haya concentrado el análisis durante los tres días del debate en Idea.

El cepo y la contradicción

Llamativamente las críticas hacia el cepo cambiario llegaron de parte del ex ministro Hernán Lacunza, quien también disertó en Idea. El mismo funcionario que tomó esa medida tras asumir como ministro luego de la derrota de Cambiemos en las elecciones primarias.

“Las tensión cambiaria es una caja de resonancia que golpea la credibilidad”, se animó a presagiar Lacunza.

El nuevo mundo tras el paso de la pandemia

El periodista y escritor estadounidense, Thomas Friedman _ganador de tres premios Pulitzer_ dijo que la pandemia es el “tercer gran momento de Prometeo, impulsado por las aceleraciones simultáneas de tecnología, globalización, y cambio climático y degradación ambiental”, y pronosticó que “los países que prosperarán serán aquellos capaces de crear amplios ecosistemas colaborativos y coaliciones adaptativas complejas”, y correrse de la mirada “binaria”.

Al analizar el mundo pospandemia, traerá la desaparición de los planteos políticos de derecha e izquierda tradicionales. “Hemos gobernado el mundo en las democracias industriales con un sistema binario, estable: derecha o izquierda; capitalista versus laborista; mucha regulación versus poca; inmigración abierta o cerrada. Pero está ocurriendo algo que mueve las estanterías y las destruye”, dijo. “Las cosas se fusionan y todos necesitan estar en estados múltiples al mismo tiempo”, dijo y planteó que “antes el gobierno educaba y las empresas contrataban, pero como el cambio se aceleró, ahora el nuevo modelo es trabajar para aprender y no aprender para trabajar”.

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