Cultura y Libros

Polémico recorrido a través del pensamiento francés del siglo pasado

El deseo de revolución, de Tomás Abraham, analiza la obra e influencia de filósofos y ensayistas que han tenido gran impacto en la Argentina, como Sartre, Foucault y Deleuze

Domingo 22 de Octubre de 2017

Cuando se decidió a escribir este libro, seguramente Tomás Abraham (1946, Rumania) era consciente de que la empresa que tenía por delante no era fácil. Y es que El deseo de revolución intenta dar cuenta de qué sucedió con uno de los grandes motores de la vida occidental a partir de 1789: nada menos que la ilusión de cambiarlo todo, empezando por la sociedad.

La palabra revolución ha sido, en efecto, un imán que atrajo tan numerosos como diversos sueños. Y quien eche una mirada sobre el siglo pasado, comprenderá que los principales acontecimientos históricos de esos sangrientos cien años giran en torno suyo.

A Abraham, sin embargo, no es el fragor cruel de la historia lo que le interesa, sino el combustible que la alimenta: las ideas. Y haciendo gala de una profunda fidelidad a su formación filosófica, asegura que el país donde primordialmente se gestaron durante el siglo pasado fue Francia. El recorrido de su análisis comienza por Jean-Paul Sartre.

Los nombres que se sumarán en este recorrido a lo largo del pensamiento galo de la última mitad del siglo veinte han influido sobre los argentinos: Camus, Merleau-Ponty, Bataille, Aron, Althusser, Foucault, Lacan, Derrida, Glucksmann, Deleuze, Badiou, Lévinas y Bernard-Henri Lévy, entre otros, son algunas de las estaciones en las que el tren se detiene. Aunque el gran objeto de análisis es el autor de El ser y la nada, a quien además está irreverentemente dedicado el libro: "A vos, Sartre".

Abraham cumple su ardua misión mediante una extraña combinación entre el rigor filosófico y los chismes de café. De allí que, tal como ya es su costumbre, acaso no termine de satisfacer a nadie. Sin embargo, aun para discrepar. las casi quinientas páginas de esta obra acaso merezcan ser leídas.

Dos frases resumen lo que se describe: la primera —"Lo que se ha vuelto problemático hoy es lo deseable mismo de la revolución"— pertenece a Foucault; la segunda —"El marxismo inventó lo que no pudieron inventar Platón ni Hegel: un saber absoluto convertido en creencia"—, al propio Abraham. En el medio del denso debate nos enteraremos, a la vez, de que Sartre era un consumidor incansable de carne de cerdo, whisky y anfetaminas, y en lo que constituye uno de los aspectos más controvertidos del libro, de la influencia de muchos de los pensadores analizados sobre los revolucionarios argentinos de los años setenta.

La pena es que la edición está plagada de auténticos horrores ortográficos, entre los que se destacan obuces (por obuses), paragüas (la aclaración es innecesaria), mandamaz (por mandamás), sonrroja (por sonroja), obsecasión (por obcecación), persecusión (por persecución), extención (por extensión), exhuberancia (por exuberancia) y deshecho, de deshacer, cuando hubiera correspondido desecho, de desechar. Pobres palabras.


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