Cultura y Libros

Las hamacas de Plutón

Un factor común en estos cuentos es que los protagonistas no son romantizados. El amor no dura para siempre y la felicidad puede convertirse

Domingo 02 de Febrero de 2020

1. Siempre es siempre y todo es todo y nunca es nunca. Todo, siempre, nunca, palabras vedadas en discusiones que llegan al mismo lugar: la nada. Pero nada es como todo, como siempre o como nunca. Nada también es una de las palabras vedadas. En definitiva se trata de eso de eliminar palabras, eliminar las posibilidades que la articulación del lenguaje nos permita comunicarnos, entendernos. ¿O será que ahora el entendimiento solo es válido con emojis? ¿Con silencios o con frases disléxicas? Pero no metamos la dislexia aquí porque también es un término que hay que evitar. ¿Somos la construcción de lo que decimos? ¿O somos construidos por lo que decimos? ¿O nos construye el decir de los demás? Como una ficción donde se elabora hasta el mínimo detalle del detalle. Me gustan las ficciones pero me aburren las ficciones, me duermo cuando veo una y otra vez la misma historia con variaciones, con pequeñas modificaciones. Un viaje a la Luna o a Marte, la clave, la opción pero de eso hablaré después, del viaje, del espacio, de las dimensiones desconocidas. En la Tierra ya no hay nada que se pueda contar, todo ha sido contaminado por la mano del hombre, por la mirada del hombre que ha trastocado lo real para convertirlo en una ficción banal. No hay nada por descubrir, como en el cine, en el cine ya no hay novedad, el cine es pura repetición de sí mismo... con variaciones... Y vos y yo somos como el cine o como las películas en el cine.

2. Y aquí estoy perdido en el espacio tiempo. Variables de la dramaturgia, de la ficción.

Floto. Soy el autor y el protagonista que me transformo en ese otro escrito por el dios de la palabra o los dioses paganos del entretenimiento. Solo nos queda el entrenamiento y las viejas fotos que son los recuerdos, porque los recuerdos con el tiempo pierden el movimiento y son como películas de las que solo recordamos fotogramas sueltos. Fotogramas, veinticuatro fotogramas por segundo dando la sensación de movimiento.

3. Las calles del barrio, del barrio del conflicto, son frías en este invierno y muy calurosas en el verano. Giro alrededor de la Tierra y miro ese otro girar de lo mundano. El grito que pide, que reclama. Lo popular y el escozor de quien lo está mirando en este momento. La marchita como sinónimo de la felicidad o el reclamo del pueblo. Como un cántico religioso. Pedirle a San Cayetano, pedirle a Dios o pedirle a Perón. De eso estamos hechos, aunque nos atraviesen los sinsabores. Estar fuera de tiempo, leyendo los diarios que todavía no se escribieron pero están impresos hace mucho.

4. Lo que vendrá ya llegó y no te diste cuenta porque los gadgets de tú cotidianidad burguesa, cool y moderna, no te permitieron ver llegar. Entonces tomemos las palabras de Truffaut y hablemos solo del amor. Decía Truffaut que el amor es el único argumento posible, el argumento de los argumentos. Y si hablamos del amor podemos hablar de todo lo demás. Refugiémonos en el amor mientras el mundo sucede. Pero no nos olvidemos de que el mundo sucede. Pensemos que las guerras ya no existen pero las guerras existen, que los conflictos sociales son producto de la imaginación de los que reniegan del capitalismo, pero los conflictos sociales son producto del capitalismo. Que las divisiones de clases, ideológicas y religiosas no son un problema en cada sociedad. Pero sabemos que lo son. Como el hambre, que es una sensación, una sensación de los que no comen. Hay otras realidades, algunos las vemos y otros no. Mientras tanto concentrémonos en las historias de amor.

Me enamoré en una sala de cine, esas que ya no existen. Pero no me enamoré de nadie, me enamoré de ese olor, de esa butaca, de ese ámbito que me recuerda a las golosinas que ya no venden. La sensación de ver lo que no se puede ver en otro lado. ¿Te acordás aquél día que fuimos al cine? Ese día que era el primero del resto de los días, antes del despegue de la nave. ¿Por qué discutimos después del cine? ¿Qué pasó esa noche cuando todo empezaba a salir bien pero de repente se cayó a pedazos? ¿Era el fin del cine como lo conocemos? ¿O éramos nosotros que no pudimos acomodar nuestros gustos a esa nueva manera de disfrutar el espectáculo? Quizás haya sido eso, vimos demasiadas películas en la cama, mucho Netflix, series yanquis, españolas, francesas y hasta de Islandia, con ese gordo policía que apenas se puede mover pero que te quedabas viendo hasta cualquier hora. Pero el cine lo que se dice cine, ¿dónde estaba? No estaba en ese televisor, en ese televisor solo había restos del cine y quizás eran también nuestros restos que en capítulos como las series tremendamente malas fuimos consumiendo y consumiéndonos.

5. ¿Y el amor, lo que se dice amor? ¿Dónde está? El amor no es ficción pero a veces nos comportamos como si lo fuera. Ahí está la clave. Y cuando salimos del cine de ver esa que nos gustaba a todos, ahí fue el problema, porque el problema no fue la película, porque la película se diluyó en la pantalla. ¿Y a nosotros? ¿Dónde nos toca estar? ¿Será por eso que decidimos montarnos en este viaje interplanetario? Salir al espacio exterior, porque el interior ya estaba colmado de eso que sabemos de qué se trata. El afuera, ¿tiene la verdad? Pero la verdad, como el tiempo. No existe ¿O sí? La calle es la verdad, la repetición del movimiento en movimiento. La verdad que nunca es cierta, la mentira de los que no saben mentir. Caminamos por el camino de las dudas porque las imágenes ya no nos dicen lo que nos decían. La falsedad es la moneda corriente. Una playa, el mar o el río. El país u otro país. La existencia de un planeta en donde no vivo pero vivo. Construcciones. Construcción. Chico Buarque. Ya no hay nada para ver, ya no hay nada para descubrir, como en el amor, todo es repetición.

6. Camino por el pequeño espacio que simula la nave. Soy un cosmonauta, me gusta más la palabra cosmonauta que el término astronauta. Los rusos son cosmonautas y los yanquis son astronautas, en realidad no hay diferencia, porque los astronautas van al espacio y los cosmonautas van al cosmos. La diferencia es de un sentido literario, el cosmos es más poético que el espacio, ¿o no? Cosmos, espacio, cosmos. Pero para viajar al cosmos es necesario salir al espacio... espacio exterior, es decir volar por fuera de la atmósfera terrestre, eso se hace a los cien kilómetros de altitud, pero yo estoy más lejos que eso, estoy a miles de kilómetros en este espacio-tiempo recorriendo los últimos quince minutos antes de atravesar lo que denominamos agujero negro. ¿Dónde estás? ¿Me escuchás? Porque yo estoy perdiendo la señal... Se escucha como un viejo teléfono de esos con cables, ¿ya no hay teléfonos con cables, no? Solo en el espacio pero no perdido en el espacio, esa frase me la dijiste cuando comenzó todo. Somos actores de un marionetista universal, somos ficción y viajamos. Eso me decías, pero al subir a la nave todo se modificó, el viaje que atravesó la barrera del Mach 10, es decir diez veces la velocidad del sonido, para luego llegar a la velocidad de la luz y allí sí perdernos en el tiempo. Porque de eso se trata el amor, ¿no? Del viaje en el tiempo y el espacio, en el tiempo y el cosmos sin tiempo.

7. Las ventanillas de la nave ya no muestran esa ciudad que tanto conocimos en los años terrestres. El empedrado nocturno, la bajada que baja al bajo. El barco que atraviesa edificios y vos mirando desde el balcón que en algún momento se transformó en el jardín con parrillero en esa casa en una de las setenta y nueve lunas de Júpiter. ¿Te acordás cuando mirábamos los callejones de Plutón? Ya habíamos dejado atrás los anillos de Saturno y las plazas de Neptuno solo eran un recuerdo de esos que decidimos que tendríamos para contar a los nietos. Urano como ese globo gigantesco parecía una bola de billar entre asteroides enloquecidos. Se terminaba el sistema solar, un pequeño puntito, todo un pequeño puntito. Siempre pensando en las geografías que desaparecen y que solo están en el recuerdo, como los parques o las hamacas. Ya no hay parques y no hay hamacas y no está el río que se ve se desde lo alto, pero ya no es tan alto , porque lo alto se transformó en distancia sideral, mirar desde el espacio es diferente. Y también se termina la galaxia y eso que llamamos agujero negro se acerca lentamente en un reloj que marca el tiempo de manera diferente ¿Qué es el tiempo? Desde chico me preocupaba el tiempo, escribí mi primera poesía dedicándosela al tiempo y esa noviecita que siempre queda como la fotografía de la inocencia, y recuerdo el recuerdo de la luna, primer paso del que ya nadie habla o el perro que ladra en dirección a Marte o el perro que le ladra a la luna, como en el cuadro de Magritte.

8. No hay contactos, tu voz me llega muy lejana. ¿Será tu voz o será una grabación que han lanzado al espacio para que se repita incontable cantidad de veces para evitar mi locura, ya que mi locura podría hacer naufragar la misión? ¿Dónde estás? ¿Sos parte de mi historia? ¿Sos solo un recuerdo? Aunque hoy quizás el recuerdo sea parte de una ficción como mi propia existencia. Abro la escotilla y no te veo. No hay rastros pero está tu voz que tiene la claridad, esa claridad única e irrepetible. Tu voz como una canción. Esa canción que te debo o que intenté componer tanto en la tierra como en el cielo, este cielo que me tiene encerrado en su inmensidad. El todo transformándome en la nada que se avecina. Y la música que me mantiene vivo, como esos pasos que me enseñaste y que mi cuerpo torpe nunca pudo aprender. ¿Te acordás del tema de Neil Young? Ese que escuchábamos y que hablaba de una pareja que baila bajo la luz de la luna... Harvest Moon... Moon, luna, perro ladrándole a la luna, la luna canción, la luna que sale detrás del río, que ilumina la isla y el Paraná... la luna eclipsada, eclipse de luna, no ves que va la luna rodando por Callao, que un corso de astronautas y niños con un vals me baila alrededor, bailá vení volá. Ahí los tenés a Piazzolla y a Ferrer en el espacio también, la luna, los astronautas y el primer polizón del viaje a Venus, mezclado con un linyera... ¿será por eso que nos encontramos en el camino hacia la luna pero nunca nos vimos en la luna?

9. El tiempo se acaba y la gravedad me empuja, me lleva y me trae, la gravedad del cosmos, la gravedad del amor perdido en las estrellas, la gravedad del amor estrellado... solo soy el autor en el viaje hacia otra ficción, ¿o seré el repetidor de un discurso ajeno o el traductor de una partitura inconclusa poniendo mi cuerpo en juego en la dimensión desconocida? La dimensión espacial, la dimensión de la ficción, del teatro, del cine que ya no proyecta las historias de amor que nos hacían llorar. Y ahora en el cosmos que me lleva al infinito recuerdo el maní con chocolate de la cajita amarilla que cuando lo sacudía hacía ruido y al abrirlo en la sala de cine debía tener cuidado de que no molestara a quien tenía adelante, al lado o atrás, porque la sala era un templo, un templo donde el silencio solo era interrumpido por ese ruido lejano del proyector, porque hoy los proyectores ya no hacen ruido, porque las películas ya no son películas sino imágenes digitales que disparan una luz insonorizada, como esa que viene del sol.

10. ¿Será el sol u otra estrella? ¿Otro sol? ¿O sos vos que llegaste a buscarme en un taxi libre navegando entre asteroides? Ya queda poco tiempo para entrar en ese agujero negro y no sé qué hay detrás, no sé si volveremos a vernos, no sé si estás palabras quedarán perdidas entre los sonidos del silencio o si vos allá lejos podrás escucharme, o si ya no sos vos a quien le hablo y sos el hijo o la hija de nosotros que creció esperando a que su padre regrese de su viaje al otro lado del universo, quién sabe... pero ante todo voy a leerte esta canción que entre bandoneones galácticos y acordes distorsionados intenté escribirte.

11. “Parece un pozo de sombras la noche, noche negra y sin estrellas.

Y yo en la noche camino muy lento, en esa noche tan fría y tan mía,

Solo y triste, pensando siempre en lo mismo mi amiga

me acobardó la soledad y el miedo de morir lejos de vos

quizás tenés razón y la vida es una herida

y es todo todo muy fugaz...

Si las copas traen consuelo, aquí estoy para emborrachar mi corazón.

¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste? ¿Dónde estaba el sol que no te vio?

Tímida y fatal, te arreglas el dolor después de llorar.

Dentro de mí mismo me he perdido ciego de llorar una ilusión,

tengo el alma herida, amor, pesar, dolor

que falta que me hacés, te busco y ya no estás

que ganas de encontrarte y que hablemos de aquel amor perdido

y brindar por los fracasos ¿del amor?

que es un viejo enemigo que enciende castigos y enseña a llorar.

Esta noche amiga mía no me importa que se rían:

solo y triste por la calle,

perdido como un duende entre las sombras más te busco y más te nombro.

Esta noche amiga mía el alcohol nos ha embriagado.

Si vieras qué ternura que tengo para darte,

capaz de hacer un mundo y dártelo después.

¿Dónde estás?

Para decirte que hoy he vuelto arrepentido a buscar tu amor”.

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