Cultura y Libros

Entre la sangre, el humor negro y el estremecimiento más puro y duro

En Tiempos oscuros, la última entrega de la saga del detective Charlie Parker, John Connolly vuelve a apelar a su tradicional fórmula narrativa, de probada eficacia

Domingo 18 de Marzo de 2018

El lector que se sumerja en el universo del narrador irlandés John Connolly debería sabe que no saldrá ileso de la experiencia.
Extraña combinación entre la novela negra estadounidense y el terror puro, con abundantes elementos de truculencia, los textos de Connolly son una mezcla de Raymond Chandler con Stephen King, aunque el hombre nacido en Dublín en 1968 esté lejos de la calidad literaria de los narradores mencionados con antelación, sobre todo del creador del inolvidable Philip Marlowe.
Sin embargo, el protagonista de la saga de la cual Tiempos oscuros es la última entrega tiene rasgos que lo vinculan claramente con el detective que en el cine encarnaron Humphrey Bogart, Robert Mitchum —el mejor de todos en Farewell my Lovely (Dick Richards, 1975)— y Elliot Gould.
Charlie Parker, el héroe de Connolly, tiene en efecto rasgos que lo colocan en el mismo equipo de los grandes investigadores privados de la serie negra, no sólo el Marlowe de Chandler sino el Sam Spade de Dashiell Hammett o el Lew Archer de Ross Macdonald, por poner sólo un par de ejemplos.
Sin embargo, a diferencia de sus célebres predecesores, Parker no persigue a vulgares delincuentes de carne y hueso: él trata con malvados que pertenecen a la esfera de lo sobrenatural, y convive con los vivos pero también conversa con los muertos.
Debe admitirse que aquí la cosa se pone un tanto pastosa: aquellos que demanden verosimilitud estarán autorizados a arrojar su ejemplar de Tiempos oscuros (o de cualquier otra obra de Connolly) por la ventana, a menos que vivan en un piso alto.
Pero si el lector de turno es capaz de tomarse el asunto con cierto humor, y suspender de momento todas sus convencionales convicciones científicas, pasará un buen rato leyendo esta novela, o cualquiera del irlandés.
Porque Connolly —cómo negarlo— conoce su oficio. Sabe llevar adelante tramas barrocas, y condimentar sus preparaciones con la necesaria dosis de sangre.
Por otra parte, el bueno de Parker termina haciéndosele simpático a cualquiera que no tenga un trozo de granito en el pecho, mucho más aún si es acompañado en sus góticas aventuras por el inefable dúo que componen los letales Angel y Louis.
En Tiempos oscuros, los villanos de turno son los integrantes de una siniestra comunidad que habita en un remoto paraje de Virginia Occidental desde los tiempos de la colonización norteamericana. Allí, en el pacífico condado de Plassey County, en un lugar conocido como El Tajo, se dedican sistemáticamente al delito mientras alimentan a una deidad de rasgos escatológicos.
Tras una paciente y riesgosa pesquisa, Parker desembarcará en compañía de sus laderos y todo terminará en un baño de sangre de proporciones considerables.
Connolly sabe cómo provocar estremecimientos en sus lectores, pero también es capaz de arrancarles una sonrisa.
Lejos de la gran literatura, pero distanciados también de los best sellers más desdeñables, sus libros funcionan a las mil maravillas si lo que se pretende es suspender, por un rato, la presencia de la realidad, mucho más ominosa, por cierto, que cualquier relato proveniente de la frondosa imaginación de John Connolly.

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