Cultura y Libros

El viejo

A quién le importa qué sueña el viejo en la noche.

Domingo 12 de Noviembre de 2017

A quién le importa qué sueña el viejo en la noche.

Sueña con mujeres hermosas, con costas remotas, con libros abiertos, con mundos perdidos.

Sueña con un amanecer en los campos de Zavalla en 1936. Con un atardecer frente al mar, en Necochea, treinta años más tarde: tiene un cigarrillo en los labios y al amor tomado de la cintura.

Sueña con hacer el amor, justamente, como ya nunca volverá a hacerlo. Con hacer el amor con quien jamás lo volverá a hacer.

Sueña y despierta. Pero enseguida vuelve a dormir para seguir soñando. Sueña con un bar donde están sentados los amigos. Todos los amigos. Hablando. Riendo.

Sueña, no deja de soñar y los sueños le dan vida. Parecen ser toda la vida que le queda.

Sueña porque es el único modo en que puede viajar, nadar en las aguas maternas del océano distante. Sueña porque al soñar es todo lo que es, y no apenas lo que el cuerpo —ya gastado— le permite.

Sueña y entonces aparece el reino de la infancia. El camino que llevaba a Shangri-La. La luz de la mañana en las montañas azules.

Sueña porque ya no puede hacer otra cosa. Porque es la antigua vocación de su alma. Porque la muerte desnuda se acuesta a su lado.

Y sueña para que la tierra nunca termine. Para que el cielo vuelva a mirarlo. Para que las calles que se abrieron a sus pasos se abran de nuevo (pero no se abrirán).

Sueña y el mundo vuelve a tener nombre. Un día, el viejo elegirá quedarse en su sueño. Ya no despertará.

Un pájaro, entonces, se posará en el alféizar de su ventana. Mirará hacia adentro y comenzará a trinar.

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