Cultura y Libros

El retratista de una sociedad desigual y corrupta tras su máscara de alegría

Buena noticia, lector(x)s: el gran Rubem Fonseca está de vuelta. En Historias cortas, el maestro brasileño del género negro demuestra que aún no ha perdido todas sus mañas.

Domingo 15 de Abril de 2018

Mediaba la década del ochenta del siglo pasado. Con un grupo de amigos nos juntábamos en distintos bares del centro rosarino desde hora temprana de la tarde. La deriva podía empezar en el Laurak, Saudades o Candilejas, seguir en los viejos Cairo y Savoy y terminar en San Telmo (devenido Luna) o El Barrilito. La charla era incesante, igual que el consumo de café, tabaco y alcohol, y el intercambio de ideas y libros.

Fue en una de esas largas tardenoches que alguien me pasó Pasado negro, de un ignoto narrador brasileño. Lo devoré en cuatro horas. El mismo amigo, en otra tardenoche que ya había desembocado en madrugada, me entregó en mano El gran arte, en la hermosa edición de Seix Barral. Y fue así que me enamoré de la prosa seca y las historias oscuras de Rubem Fonseca.

(Sin embargo, no conservé aquel libro. Lo devolví, transgrediendo las normas habituales. Mi amigo se fue a España en el 89 después de La Tablada y ya no volvió. Allá trabajó primero como detective privado. Mejor no revelar en qué trabaja ahora).

Al igual que nosotros, que ya no tenemos veintipico sino cincuenta y algo, Rubem Fonseca envejeció, pero no dejó de escribir como escribió siempre. En todos estos años que transcurrieron entre aquel remoto pasado y el presente, leí todo lo que pude de él. No resulta fácil conseguirlo: salvo excepciones, hay que buscarlo en ediciones españolas que carecen de distribución directa en la Argentina.

Por eso festejé cuando llegó a mis manos la reciente edición de Historias cortas, publicada por Tusquets en Buenos Aires hace apenas dos meses. La única pena es que la traducción no fue hecha por un argentino sino por un mexicano. Entonces, resulta inevitable soportar una serie de localismos incomprensibles. Tal vez no hubiera costado mucho adaptarlos al habla nuestra, pero al parecer eso sería pedir demasiado.

Pese a todo, lo importante es que el vigor de Fonseca no ha decaído en la medida de lo esperable. Es preciso recordar que nació en ¡1925! y que la primera edición brasileña de este libro vio la luz en 2015. Acaso nuestro hombre ya no tenga la fuerza suficiente para lanzarse otra vez a las procelosas aguas de la novela, donde nadó con inimitable estilo, y entonces —con la natural mengua de energías causada por ese horror llamado tiempo— se haya visto obligado a recurrir a la otra forma donde su genio ha quedado de manifiesto de manera indiscutible: el relato breve.

Estas Historias cortas son desparejas en conjunto, pero asoman gemas. Feroces, sarcásticas, negrísimas, en algunas sin embargo brilla una ternura insospechada en el Fonseca de otras épocas. En síntesis, aquellos que lo admiran y recuerdan no sólo por las dos novelas mencionadas anteriormente, sino por maravillas como Vastas emociones y pensamientos imperfectos, Lucía McCartney, El cobrador, El collar del perro o Secreciones, excreciones y desatinos se encontrarán con un narrador que, pese a sus bien consumidas nueve décadas, lejos está de haberse perdido a sí mismo y, por lo tanto, traicionado a sus lectores.

Nada de eso. Fonseca el filoso, Fonseca el duro, Fonseca el retratista preciso de una sociedad desigual y corrupta detrás de su máscara de alegría está de vuelta. Y aunque su magia aparezca sólo de vez en cuando, con eso basta. Sobre todo en esta época huérfana de escritores verdaderos.

Cuatro crímenes

oscuros e inexplicables

Magnetizado, de Carlos Busqued. Anagrama, 152 páginas, $325..

A lo largo de una fantasmal semana de septiembre de 1982, se sucedieron en Buenos Aires cuatro asesinatos nocturnos, sobrios en el despliegue y curiosamente idénticos, a tal punto que se podría pensar en un mismo crimen repetido cuatro veces. La policía buscó al asesino durante casi un mes, de manera tan intensa como inútil. Finalmente resultó ser un posadolescente de 19 años. Carlos Busqued, consagrado con Bajo este sol tremendo, vuelve a narrar en clave de oscuridad.

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