José Miguel Benavente, jefe de la división de competitividad del banco, escribe en la introducción del libro: "Una innovación nunca surge de la nada, sino que requiere un escenario adecuado con reglas, tradiciones, incentivos e instituciones que la posibilitan. Todo este engranaje, de naturaleza invisible, que opera detrás de cada innovación es también una creación humana, compleja y en permanente adaptación".
Un mundo lleno de futuro contiene diez crónicas de proyectos desarrollados en diferentes países de América Latina como Perú, Colombia, Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil, Ecuador y Panamá. El leit motiv que subyace en buena parte de estas crónicas podría ser la cita de Tolstoi: "Pinta tu aldea y pintarás el mundo". El libro está compuesto de historias locales que, sin embargo, podrían leerse en cualquier país porque son emblemáticas de problemas que atraviesan la región, desde la falta de agua hasta el atraso tecnológico o educativo: "Creo que cualquier lector por ejemplo, colombiano, entendería de lo que está hablando Miguel Prenz cuando escribe sobre los problemas que tienen los colonos en Misiones para vender su cosecha de té. O un argentino podría comprender el cambio radical en la vida de un indígena Wayuú que en vez de tener que caminar siete kilómetros todos los días para conseguir veinte litros de agua, camina quince minutos gracias a un pozo de agua", explica Guerriero. "Lo que se conversó abiertamente EM_DASHaclaraEM_DASH fue que el libro no sea una especie de publicidad encubierta del BID. Me dijeron que me despreocupara, de hecho en algunas crónicas el dato de la intervención del BID es mínimo, una línea, una frase. Sólo se lo menciona para mostrar cuál es el hilo conductor. Aceptada esta condición, me propuse que el libro contuviera buenas crónicas. Y otra cosa que charlamos fue que en el caso de que los cronistas encontraran realidades poco amables, o en caso de que el crédito del BID no solucionara finalmente el problema de fondo, yo quería que tuviéramos la libertad para contarlo".
Y así sucedió. Inclusive una de las crónicas que integran el libro, La hermandad del té, escrita por el periodista Miguel Prenz, relata la historia de una cooperativa que, gracias a estos financiamientos, transformó tractores en cosechadoras y logró modernizar el trabajo en la zafra: "Prenz cuenta que tienen las cosechadoras gracias al crédito del BID, sin embargo las cosechadoras no solucionan el problema de fondo, que es el monopolio. Y aun cuando los créditos pudieron solucionar algunas cuestiones, por ejemplo la comunidad en el desierto de La Guajira donde la gente tiene agua gracias a un pozo, y en la Bota del Cauca, donde tienen luz gracias a los paneles solares, exceptuando esas comunidades, todo lo que está alrededor vive sin estos servicios. Estas comunidades son excepciones y funcionan como señaladores de una carencia que debería estar cubriendo el Estado. Está muy bien que una maestra atraviese toda la selva y colabore, como lo relata en su crónica Juan Miguel Álvarez. Pero en cosas básicas relacionadas con la salud y la educación, es el Estado quien debería estar presente", explica Guerriero.
La maestra que menciona Guerriero es Luz Dary Ricaurte. Consultado sobre ella, cuenta el periodista Juan Miguel Álvarez: "Luz Dary es una mujer excepcional. Hay muchas de ellas en este país o en América Latina. Pero no las vemos porque nosotros como reporteros no contamos sus historias con suficiente énfasis y, quizás, lo hacemos con poca técnica. El hecho es que en Luz Dary vi el sentido exacto de lo que es el liderazgo comunitario. No hace falta ser del territorio o haber nacido en el territorio para sentirse responsable por lo que suceda en el territorio y por lo que se pueda hacer para mejorar esas condiciones. La vida de Luz Dary resume muy bien el sentido menos chovinista del concepto hacer patria, es decir, la manera más honesta en que se puede usar la expresión hacer patria, que no es para nada como la usan los presidentes de nuestros países".
En cuanto a la experiencia de relatar esta historia, afirma Álvarez: "Fue una vivencia magnífica. De un lado, enriquecedora por la posibilidad de conocer de primera mano tantos matices de las distintas formas de la cultura de este país. Cada viaje que hago por los rincones más escondidos de Colombia es así: el acceso a un mundo abundante de símbolos. De otro, fue una experiencia gratificante porque pude conocer experiencias de desarrollo comunitario en las que quedó claramente dibujado el sentido de solidaridad que nos hace seres humanos. Y todo eso, a pesar de la adversidad. Conocer este tipo de situaciones permite poner en perspectiva la vida propia. Comparado con las carencias de estas comunidades, las propias son caprichos idiotas".
Desentrañando conceptos
En Racotumomab, por dos años más de vida, el periodista argentino Javier Sinay describe el trabajo de un equipo de científicos argentinos que desarrollaron una vacuna contra el cáncer de pulmón: el Racotumomab. Una vacuna que actúa una vez el cáncer ha aparecido, y que hace que las defensas del cuerpo reaccionen contra el virus. Sinay aclara que sobre todo primó su objetivo de contar una historia que ayude a los lectores a entender cómo piensan, cómo son y cómo trabajan los científicos: "Lo que más me costó fue entender cómo funciona el mundo de la investigación científica, en el sentido de cómo está organizado, quiénes lo motorizan y cómo circulan las ideas hasta convertirse en realidad. Quiero decir, cómo surgió la idea del Racotumomab, cómo fue aprobada y cómo se hizo concreta. Pablo Pellegrini, uno de mis mejores amigos del colegio secundario, hoy es un biotecnólogo reconocido y justamente trabaja en la UNQui, así que él me ayudó mucho a entender este mundo. Pero no elegí el tema porque Pablo fuera mi amigo, sino que el tema me fue asignado y lo demás fue una completa casualidad. Lo que quiero decir es que siempre conviene entrar a un tema que no es extraño de la mano de un intérprete".
Sobre el final de la crónica, Sinay escribe: "Sin embargo Gabri, y todos los científicos idealistas, tienen que poner a prueba sus valores en una negociación constante con la industria farmacéutica, que especula con las enfermedades de la población y que suele encabezar índices de riqueza junto a las industrias de las armas y al tráfico de drogas y de personas. Un comentario vox populi en este ambiente dice que el precio de un medicamento no se fija en relación a lo que cuesta fabricarlo, sino a cuánto dinero está dispuesto a pagar el enfermo que lo necesita".
La crónica como cachetazo
En la nota preliminar a Un mundo lleno de futuro, Guerriero define al libro como un conjunto de "historias que hablan de las cosas extraordinarias que le pasan a la gente común y de las cosas comunes que hace la gente extraordinaria". Gente que pudo ver una carencia, y actuó a partir de ella. El libro es, entonces, una forma de visibilizar tantas dificultades de tanta gente de América Latina: "Yo creo que como periodistas, por lo menos en mi caso, la labor es sobre todo visibilizar. Justo el otro día estaba escribiendo sobre eso. El diario El País publicó una nota muy interesante sobre un trabajo que está haciendo el Ministerio del Interior en España, siguiendo caso por caso cada una de las mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas, de las sesenta que mueren allí por año. Porque después de un femicidio, siempre surge que el devenir o los síntomas de la muerte estaban a la vista de todo el mundo. Entonces están analizando caso por caso qué pasó, para finalmente elaborar un plan de prevención. El título de la nota era Por qué los hombres matan a las mujeres. Hubo alrededor de dos mil cien comentarios. La mayoría eran hombres españoles indignados con el titular. Pedían que hagan el favor de no tratarlos a todos de asesinos. Obviamente el titular podría haber sido más prudente, pero me pareció que si el periodismo no hubiera hecho todo el trabajo que viene haciendo de visibilizar, esos hombres hubieran leído ese titular y ni se hubieran dado cuenta de lo agresivo que resultaba. Cuando hay tanta gente diciendo «cuidado, yo no soy eso, yo no soy ese monstruo, yo no me identifico con ese animal» algo bueno está pasando. Por eso yo creo que estas crónicas no están ahí para decir «okey, ahora le vamos a cambiar la vida a toda la gente que vive desplazada». Están para visibilizar, para contar, para pegar un cachetazo al Estado en lo que le corresponde. Si yo fuera el Estado y leyera alguna de estas crónicas, moriría de vergüenza".




