Preocupa a muchas personas responsables el trato no muy amistoso y poco cordial que se ha venido generando entre la gente de nuestro país, en forma general y creciente, coincidente con el acontecer de hechos delictivos que se han incrementado en los últimos tiempos en forma alarmante. Últimamente hemos visto que frente al Senado Nacional, la Legislatura de Córdoba y el Concejo Municipal de Rosario, se cometieron desmanes por parte del público, con motivo de votaciones llevadas a cabo dentro del régimen parlamentario vigente, que por supuesto no satisfacían a los ocasionales visitantes. Puede hacerse notar que los que infringen disposiciones legales no lo hacen por ignorancia sino porque carecen de sociabilidad, palabra con la cual se intentaría señalar un trato amistoso, cordial, respetuoso y amigable, que son los atributos que deben regir las relaciones humanas en todos los niveles, sin ninguna excepción. Lo contrario indica ignorancia que a la postre acarrea desorden y puede conducir al caos. Algunos demuestran su preocupación ante las lamentables situaciones apuntadas y sugieren paliativos con los cuales coincidimos; sin embargo debe tenerse presente la poca efectividad que se puede llegar a obtener si no se enfrenta el problema en su raíz u origen mediante el ejercicio de la educación, sin tener en cuenta la edad o el rango que ocupa cada uno en la sociedad. Esto se relaciona con la propia forma de actuar a la cual se debe someter permanentemente al ejercicio del discernimiento para verificar si es correcta, adecuada, oportuna y valedera; pues de la misma surge el mejor aporte personal que puede hacerse para que se vaya restaurando la armonía social, que para muchos en nuestro país no está dentro de los parámetros deseados. La armonía, fruto de la paz social, siempre ha sido la resultante de los cambios que la verdadera educación ha producido en la vida de los pueblos que han hecho un aporte valioso a lo largo de la historia de la humanidad.




























