El pasado lunes, una carta de Roberto Caputi referida a la revisión vehicular vaticina un futuro color de rosa sobre el tema. Este señor debería aclarar quién es y cuál es su incumbencia en la cuestión, pero pudorosamente no lo hace. Debería decir que es parte de un organismo burocrático creado por la ley de tránsito dictada durante el gobierno de Menem para auditar a los talleres que realizan esa revisión y que, por lo tanto, debía estar en perfecto conocimiento de que los mismos no podían nunca cumplir sus funciones adecuadamente en los plazos establecidos. Para ello hubiera sido suficiente con dividir la cantidad de autos que integran el parque automotor de Santa Fe por la cifra de los que se inspeccionan por día, pero no estoy seguro de que nuestros funcionarios puedan hacer una operación tan complicada. Pero ampliemos un poco la cuestión: la revisión técnica fue establecida por la actual ley nacional de tránsito, que data de 1994. ¿Por qué demoró 14 años en implementarse en la provincia? ¿Por qué, en esos 14 años no se creó la infraestructura para implementarla debidamente? ¿Por qué esta implementación, a las apuradas, por el gobierno saliente, en el momento en que el Congreso se dispone a tratar una nueva ley para reordenar el tránsito que no sabemos qué dirá al respecto? ¿O sí sabemos, y por eso el apuro? Desde ya que esta revisión técnica no va a solucionar los problemas del tránsito ni va a evitar los terribles accidentes que ocurren últimamente. No lo va a hacer porque el 95% de los accidentes ocurren por fallas humanas, y el 5% restante difícilmente puede ser previsto en una revisión que ocurre una vez al año. Los problemas surgen de que tenemos casi las mismas rutas y calles que hace 20 años y muchísimos más vehículos. Además, es sabido que el 50% de los vehículos circulan sin seguro o con deficiencias en la documentación. Esos vehículos no podrán cumplimentar la revisión técnica pero ¿alguien cree que van a dejar de circular?



























