Sin que se le moviera un músculo de la cara, el arzobispo Eduardo Martín dijo: “Si hay daño se debe reparar”, se refería a las denuncias por maltrato, acosos y total falta de pago por el trabajo de esclavos que brindaban más de cincuenta mujeres en las instalaciones de Opus Dei, seguramente se refería a que la reparación la aplicará el Estado y no la Iglesia. En el instituto Provolo en Mendoza, manejado por la Iglesia, decenas de niños sordomudos sufrieron violaciones inimaginables por curas que estaban a cargo justamente para darle educación y protección. El Vaticano (no le quedaba otra) expulsó al sacerdote Néstor Monzón por violar a dos menores de tres y cuatro años, la Justicia fue más expeditiva, considerando que el hecho ocurrió en Reconquista, le aplicó 16 años de prisión. El cardenal Angelo Becciu, colaborador cercano y número dos en la jerarquía vaticana, acusado por otros grupos por corrupción y malversación de fondos. Y lo más tremendo, en Canadá se descubre una fosa común con más de quinientos esqueletos de niños aborígenes, que estaban al “cuidado” de orfanatos católicos. Hay más, muchas más de estas clases de barbaridades pero es el momento de la reflexión y en esto no quiero ser ofensivo con los creyentes, entiendo que una cosa es la religión y la otra en creer en algo superior. En lo primero como en estos casos es apartarse de la tutela de seres humanos que contradicen e insultan al verdadero mensaje de un carpintero. El Papa Francisco ha dado muestra de valentía para enmendar estos desvíos. Concluyo con dos máximas de mi humilde autoría: “Las religiones con dinero, no sirven”, “Si haces las cosas bien, no necesitas un templo, ya hay uno dentro tuyo”. No está muy lejano el día de recambio papal, con toda seguridad los “amigos” de Francisco no van a cometer el mismo error de elegir a un Papa futbolero y peronista.




























