Al cumplirse el 111º aniversario del fallecimiento de mi abuelo, el arquitecto e ingeniero Herbert Boyd Walker, acaecido el 15 de diciembre de 1910, deseo recordar su paso por esa querida ciudad donde desarrolló un prolífico ejercicio de su profesión, tras su llegada a Argentina en 1886, cuando apenas contaba con 22 años de edad. Actuó proyectando, construyendo y/o dirigiendo obras de toda naturaleza; desde residencias particulares hasta templos, incluyendo viviendas colectivas, talleres y un túnel del Ferrocarril Central Argentino, una ferrovía elevada para el Ferrocarril Buenos Aires y Rosario, y el imponente edificio de los Tribunales Provinciales, hoy Monumento Histórico Nacional. Lamento profundamente que hoy sus restos hayan desaparecido, que no se disponga de su sepulcro para homenajear a este arquetipo de profesional idóneo y productivo, que fuera sepultado en el cementerio de Disidentes, y cuya encantadora capilla también ha sido parte de sus realizaciones. Finalmente, debo confesar que por circunstancias que son imposibles de sintetizar en estas breves líneas, mi familia había perdido toda la información sobre la trayectoria profesional de mi abuelo, de su obra, y de su última morada. Durante años estuve investigando por diversas fuentes de manera infructuosa, ya que en el acta de matrimonio de mis padres figuraba que el nombre de mi abuelo era Alberto Walker. Finalmente decidí viajar a Rosario y luego de un par de búsquedas sin éxito, alguien me recomendó ubicar a la arquitecta Viviana Marini y, a partir de ese encuentro salieron a la luz un sinfín de datos que de otra forma me hubiera sido difícil cuando no imposible obtener. Gracias a la minuciosa investigación realizada a partir de 1999 por la arquitecta Marini en Rosario, Buenos Aires e Inglaterra, y dada a conocer en diversas publicaciones, los Walker hemos recuperado la significativa historia de nuestro ancestro que hoy tanto nos enorgullece y de quien veneramos su memoria.


























