Participé en el concurso de ingreso a la docencia, en 1991. El jurado desestimó escalafonarme, apelé (1994) y a través de un decreto, en 1999, el gobierno de Obeid hizo lugar a mi reclamo y ordenó el escalafonamiento. Pasó el gobierno de Reutemann y llegó nuevamente Obeid. Nunca se efectivizó el decreto mencionado. Durante estos períodos, presenté recurso jerárquico y recurso de revocatoria. Jamás obtuve una respuesta. Luego presenté solicitud de traslado de actuaciones y a continuación una solicitud de dictado de resolución. Tampoco hubo respuesta. Ante esta situación y el tiempo transcurrido inexplicablemente, envié una carta documento al gobernador Obeid. Aún sigo esperando la titularización de mis horas de cátedra, ganadas de forma legal. Este despropósito, escándalo, mezcla de desidia, incompetencia e irresponsabilidad debe ser reparado inmediatamente. Hoy, a dieciséis años de aquel lejano concurso, me pregunto: ¿ésta es la educación que tanto pregonan nuestros gobernantes? ¿Debo seguir soportando el maltrato de estos irresponsables funcionarios, que sólo supieron cajonear mi documentación y silenciar sus voces, creándome un malestar moral, profesional y a la vez un perjuicio material? El actual gobierno ha creado una Secretaría de Bienestar Docente. A ella apelo para que el expediente 00416-0002787-3 y sus agregados, radicados en dirección de despacho de la ministra de Educación, sigan de inmediato su curso y cumplan con la orden emanada del gobernador por decreto Nº 1939, del 21-07-99. Espero que alguna vez, algún funcionario me explique el porqué de esta mora y la administración se haga cargo de castigar a quienes no cumplen sus funciones, como así también premiar a quienes las cumplimos cotidianamente.
Graciela Di Vaira, DNI 13.255.198


