¿Qué ocurre cuando la felicidad de abrazar a nuestro hijo recién nacido, luego de nueve meses de esa "dulce espera" que es el embarazo, se interrumpe porque nos dicen que sufre una cardiopatía? Sólo aquellos que lo han pasado saben de este dolor. Hace veintidós años la comunidad de Rosario, solidariamente, permitió darle vida a una bebé que nació con una grave cardiopatía, aportando el dinero necesario para su corrección quirúrgica en una clínica de Buenos Aires. La gravedad del cuadro no permitía esperar el turno en un hospital público también ubicado en Capital Federal. Fue mucho dinero. Pasada la cirugía, publiqué una carta de lectores agradeciendo a todos los que ayudaron, entre ellos y en un rol activo, a los periodistas de nuestra ciudad. Preguntaba en esa carta si todos los niños tenían la posibilidad que yo tuve de conocer tanta gente, de trabajar en un diario, lo cual me permitió rápidamente difundir el caso, solicitar ayuda, acceder al equipo médico especializado en cardiocirugía infantil, y finalmente salvar la vida de mi pequeña bebé. Esa bebé que hoy tiene veintitrés años y goza de excelente salud. Por eso hoy, al leer la noticia sobre la decisión del gobierno nacional de crear el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, que permitirá operar "en tiempo y forma" a todos los bebés que nazcan con esa patología, sentí una enorme alegría. Pensé en todas esas familias que ahorrarán tiempo de angustia, en todos esos niños que tendrán la posibilidad nada más ni nada menos que de vivir. Cada día de mi vida vuelvo a agradecer a todos quienes me ayudaron, y hoy doy gracias al gobierno nacional por este programa, cuya aplicación insumirá muchísimo dinero, dinero puesto para dar vida y felicidad. Siento que esta noticia merece ser nota de tapa en todos los medios de comunicación.





























