Newell’s sufre dentro y fuera de la cancha. Y la historia no es nueva. Es que el club del Parque sigue padeciendo horrores la era posMartino, en lo que fue la última página dorada rojinegra con aquella conquista a puro fútbol del equipo del Tata Martino en 2013, donde incluso estaban los futbolistas del actual plantel Maximiliano Rodríguez, Pablo Pérez e Ignacio Scocco. Tras ese equipo que despertaba el aplauso de pie del estadio en pleno partido sobrevinieron años difíciles tanto en lo deportivo como en lo institucional. Con el devenir de los años los campeonatos mediocres, la sucesión de entrenadores que en su gran mayoría no dieron la talla, los refuerzos que pocas veces marcaron la diferencia y los claros desaciertos dirigenciales no hicieron más que agotar la paciencia de la gente. Una situación que se vio reflejada, por ejemplo, en la última presentación leprosa del viernes, en el pobrísimo empate 0 a 0 ante Aldovisi. En ese contexto de reprobación general del estadio fue que Nacho Scocco expresó la frase que todavía resuena en el mundo leproso: “Hace 7 años que el club es un desastre dirigencialmente”.
Claro que es fuerte la frase del atacante bicampeón (2004-2013), pero si expresó lo que sintió a nadie se le pueden rasgar las vestiduras. Nacho manifestó que “hace 7 años que el club viene muy mal dirigencialmente, y la gente tiene que entender que eso no es culpa del plantel y de los chicos. Voy a poner todo de mí para salir de esta situación”.
Sin ánimo de juzgar los dichos de Nacho Scocco, hay que decir que la realidad marca que Newell’s, tanto dentro como fuera de la cancha, nunca se pudo sobreponer y ser competitivo en serio a lo que fue el período posMartino. Este es el gran desafío de la nueva dirigencia que conduce Ignacio Astore.
Por ello, salvo contadas excepciones como con Alfredo Berti, Diego Osella y la primera etapa de Kudelka, a las dirigencias de turno les costó armar equipos competitivos, dar el salto de calidad con las incorporaciones y acertar con los entrenadores en el primer equipo. Es cierto que debieron afrontar la deuda del salvataje judicial y lo lograron, pero a costa de poner al fútbol en un segundo escalón.
Nacho apenas volvió en julio de 2020 había expresado que por lo que dialogaba con sus compañeros tenía las mejores referencias del club en cuanto a que “ahora se podía dedicar sólo a jugar al fútbol”. Y también destacó en septiembre de 2021: “Trato de no involucrarme en la política del club. Celebro la democracia, pero siento que las campañas de cara a las elecciones le hacen muy mal a Newell’s. Cada año electivo la institución sufre mucho y realmente no debería sea así”.
Una muestra de los desaguisados de los últimos años se consumó el 20 de julio de 2017, cuando Maxi Rodríguez se fue con lágrimas en los ojos del club y dijo “por mi salud mental decido alejarme de Newell’s”. Como paradoja de los desaciertos ese mismo día firmó contrato en el Parque el mediático Brian Sarmiento.
Newell’s está en una situación muy compleja en cuanto a que debe cortar la sangría de acostumbrarse a perder y dejar de ser un equipo ganable, como se acentuó en los últimos tiempos. La idea sería encontrar un proyecto serio a largo plazo que oxigene de inmediato el promedio y que vuelva a encender en el hincha el foco de la ilusión futbolística, el que entró en cortocircuito desde que se fue el Tata Martino. Este es el gran desafío que tiene por delante el nuevo presidente Ignacio Astore. El socio genuino hizo sentir su malestar general en las últimas elecciones pidiendo un cambio rotundo dentro y fuera de la cancha.