Recién se bajaba del micro descapotable donde cumplía el último rito de una tarde que no olvidará jamás. NI él, ni el deporte argentino, porqué no, ni la Fórmula 1 misma. No pasaron ni cinco minutos que Franco Colapinto saludaba una vez más, aunque esta vez corriendo en medio de un enorme número de seguridad personal que lo llevaba a la rastra prácticamente, para protegerlo de la masa humana que lo divisó y se le vino encima. Ni en ese momento perdió la sonrisa, ni cuando fue subido a los apurones a un auto con vidrio polarizado para sacarlo rápidamente de los bosques de Palermo. No cabía otra, si se quedaba mucho más, el público enfervorizado, a sus pies, lo hubiera esperado todo el tiempo que fuera necesario y tal vez hubiera sido incontrolable.
Fue el cierre del road show de Franco Colapinto por las calles de Palermo, que fue mucho más que eso. Acaso, muchísimo más. Por que todo resultó perfecto, más allá de un desborde de público a primera hora de la mañana. Porque la multitud, según los organizadores, superó largamente el medio millón de personas. Creíble totalmente, al ver semejante movilización, incesante, que tal vez se haya calmado un poco después del mediodía. Porque hasta pocos minutos antes de que el Alpine-Lotus acelerara por primera vez, todavía había cola de gente en los sectores pagos, y muchos que apuraban sus pasos para tratar de hacerse de un huequito en los que eran de libre acceso.
Así fue todo el día, desde que empezó. El piloto argentino que cumple su tercera temporada en la Fórmula 1, la primera que aspira a ser en forma completa, llegó a las 7.30 al lugar prácticamente de la misma manera de cómo se fue. Pero en ese momento, por ejemplo, que tuvo uno de los primeros de los muchos gestos hacia la gente, cuando un visitador médico porteño que lo estaba aguardando, le gritó: "Franco, hoy es mi cumpleaños, ¿me firmás la remera?", a lo que Franco se paró en seco y le contestó: "¿En serio, boludo?, pero claro que sí", y fue él el que cerró con un "gracias", en vez de ser al revés.
Un día que Franco Colapinto no olvidará jamás
Ese fue Franco en un 26 de abril del 26 que no olvidará jamás. Fue el que aceleraba y regulaba con el Alpine para que todos disfrutaran el momento único de verlo en un F-1 con motor V8, pero que también pudiera saludar. Fue el que estacionó el Mercedes Benz de Fangio que condujo a posteriori en el segundo acto de la tarde, para bajarse e ir a saludar a los dos lados de la avenida Libertador, pero primero al sector gratuito.
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El Alpine parece esfumarse al acelerar. Colapinto hizo delirar a todo el mundo.
Fue el que luego encaró derecho hacia un lugar, al lado de la tarima reservada para la prensa, para saltar la valla e ir a saludar especialmente a quienes estaban en el sector. Era el reservado a discapacitados. De ellos tuvo la deferencia de estar cara a cara. Allí donde el Estado decidió olvidarlos, él los puso en el primer plano.
Y fue más Franco Colapinto. En el tercer acto, directamente aceleró mucho más el Alpine-Lotus, todo lo que la recta le permitía, y se sacó el gusto de hacer los mil y un trompos, no solo en las cabeceras, sino en cualquier parte del trazado. Fue como si trató de que todos lo vieran, los VIP que pagaron su entrada y los que no, para finalizar en pleno acto soltando las dos manos del volante para seguir girando y girando, mientras saludaba al público.
Dejó tanto caucho en el asfalto, que hasta paró el auto definitivamente cuando una lengua de fuego salió de la parte trasera. Así calentó el ambiente, que respondió coreando su nombre y rompiéndose las manos en aplausos. Al salir del cockpit, abrazó a su abuela que lo estaba esperando, para completar un cuadro de enorme emotividad.
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Con la gente cara a cara
Para finalizar la intensa jornada que fue ganando en adrenalina en cada una de las salidas, ahí nomás Colapinto se subió al descapotable mientras le hablaba a la gente a través de la entrevista que le hacía Juan Fossaroli, acompañado además por su amigo Bizarrap, el que tanto tuvo que ver en su llegada a la Fórmula 1 en 2024.
Y de nuevo Colapinto mostró ese lado tan humano que hizo enamorar a esa multitud, bajándose en más de una ocasión del micro para ir a saludar y, la última vez, saltando la valla y poniéndose cara a cara con el público (de nuevo del sector gratuito).
Ahí empezó a trotar con la mano extendida para chocar los cinco con la mayor cantidad posible, mientras de fondo la multitud coreaba su nombre. Fue un momento apoteótico, un cierre perfecto para una tarde inolvidable, que tal vez marque un antes y un después.
Los motivos detrás del road show
Fue une evento tremendo, que requirió mucha organización y se debe decir que salió todo redondo. Pero además, había un motivo muy concreto de aprovechar el parate por la cancelación de los GP de Baréin y Arabia Saudita para llevarlo adelante.
Es que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires puso proa a reconquistar el mercado tuerca internacional, está haciendo a nuevo el Oscar y Juan Gálvez, el año próximo recibirá al MotoGP y en el mismo 2027 o 2028 se aspira a volver a contar con el GP de Argentina, cuya última edición fue en 1998 con Esteban Tuero en pista.
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Por eso fue tan importante que en el mundo entero se haya visto este road show, al que llegó Sky Sports (la que tiene los derechos de TV de la F-1 en Europa) y la misma Fórmula 1 oficial para cubrir el evento. Las 500 mil personas que vieron en vivo a Colapinto solo son equiparables al último GP de Inglaterra en Silverstone, pero para los tres días de carrera, o a una en Australia, en Adelaida, en la década del 90.
Y esto lo logró Colapinto, que seguramente se transformó en el deportista argentino (habría que revisar estadísticas mundiales) en convocar mayor cantidad de gente a un evento, más allá de sus particularidades de que una parte pagó el espectáculo y muchos otros no. De hecho, la extensión del trazado hacia avenida Sarmiento tuvo que ver con que los tickets se vendieron rápidamente.
En consonancia, semejante demostración de fuerza desde Argentina no solo apunta a tener de nuevo su Gran Premio, sino a consolidar la presencia de Colapinto en la Fórmula 1 por mucho tiempo, mínimo por una década. Para lo cual el argentino deberá seguir demostrando lo suyo donde realmente importa, como en el próximo fin de semana en Miami. La presión la va a seguir teniendo y precisará buenos resultados constantes, ahora que el Alpine A526 parece que al fin dejó atrás el inmanejable A525.
Todo eso subyació detrás de este espectáculo inigualable que quedará para siempre en las retinas de quienes fueron testigos y por supuesto en Franco Colapinto, que como le dijo su papá Aníbal a La Capital, se fue simplemente "feliz".
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Fue un mojón histórico, sin dudas, que debe apuntalar un futuro promisorio para Colapinto y la Argentina en la Fórmula 1. Un espaldarazo impresionante que el mismo piloto argentino fue generando por su capacidad deportiva y sus cualidades humanas que tanto calaron en un pueblo, tuerca o no, que lo acompañó como nunca. Y que tuvo una enorme reciprocidad del piloto que apunta a ser mucho más historia. Un país le demostró que estará pendiente.