Navalny

Aseguran que un opositor a Putin fue envenenado en un bar de Siberia

Así lo señalaron los ayudantes de Alexei Navalny, quien estaba de gira para apoyar a sus partidarios.

Jueves 20 de Agosto de 2020

Alexei Navalny, el principal adversario político del presidente ruso Vladimir Putin, yace en condición crítica en un hospital de Siberia. Todo indica que fue envenenado con un té que tomó durante una escala del vuelo en el que viajaba de retorno a Moscú. Sus asesores no tienen dudas pero los medios del gobierno, que son prácticamente todos los de audiencia masiva en Rusia, daban ayer versiones tendenciosas sobre que presuntamente Navalny habría bebido en exceso y tomado luego una medicación peligrosa. En el hospital de la remota ciudad siberiana de Omsk, donde Navalny fue internado luego de descomponerse a bordo del avión con gritos de dolor, la policía vigilaba tanto a periodistas como al personal médico, al que se le prohibió hacer declaraciones. Navalny está conectado a un respirador y sin un diagnóstico preciso. Sus partidarios quieren sacarlo de Rusia para hacerlo tratar en Europa. La alemana Angela Merkel se declaró "conmocionada", al igual que otros mandatarios europeos.

El miércoles Alexei Navalny había emprendido otro viaje de rutina a las regiones del enorme interior de Rusia. Específicamente, a la ciudad más grande de Siberia, Novosibirsk, y a su atractiva vecina, Tomsk. "Una ciudad excelente. Una de las más bellas de nuestro país", comentó Navalny en Instagram, publicando una foto en Tomsk con un grupo de jóvenes seguidores.

Navalny es el opositor más popular de Rusia. Ha sufrido arrestos varios, se le ha prohibido inscribir su candidatura en las últimas elecciones y su fundación ha visto bloqueados sus fondos recientemente. La persecución se extiende a su esposa y a sus directos colaboradores. Navalny no ocultó por qué había volado a la ciudad siberiana de Tomsk, conocida por sus mansiones de madera y su iluminada universidad. El objetivo, escribió, era apoyar a los candidatos independientes antes de las elecciones locales del próximo mes. Y echar a los "ladrones" del partido de Vladimir Putin, Rusia Unida. El discurso de Navalny se basa en la denuncia de la corrupción, muy extendida en Rusia en los ya más de 20 años de dominio de Putin.

Ayer por la mañana, Navalny se dirigió al aeropuerto Bogashevo de Tomsk para tomar un vuelo de regreso a Moscú. Navalny viajaba con su secretaria de prensa, Kira Yarmysh, y un par de ayudantes. En el bar del aeropuerto pidió una taza de té. Navalny está prohibido en la televisión estatal, pero sin embargo es una figura famosa en Rusia. Otro pasajero, el disc jockey local Pavel Lebedev, sacó una foto de Navalny en el bar del aeropuerto: se lo ve con un vaso de cartón en la mano, a punto de sorber su bebida. Lleva una remera de mangas cortas estampada. Luego el grupo abordó el vuelo S7 a Moscú. El avión despegó. De acuerdo con Lebedev, Navalny pronto se enfermó. El cambio en su condición fue repentino, violento. Fue al baño de la parte trasera del avión. No volvió a aparecer y se descompuso. Un video que grabó Lededev muestra a la tripulación corriendo. Se escuchan aullidos de dolor de Navalny. "Empezó a sentirse muy enfermo. Lucharon por traerlo de vuelta y él estaba gritando", narró Lebedev. Al darse cuenta de que el estado de Navalny era grave, el piloto hizo un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de la ciudad de Omsk. Navalny fue llevado en camilla a una ambulancia. El video de la escena muestra a su figura retorcida en la camilla.

La secretaria de Navalny, Kira Yarmysh, dio la noticia en Twitter: escribió que su jefe estaba inconsciente y gravemente enfermo, y que su té había sido envenenado. No había bebido ni comido nada más, señaló. Los médicos le dijeron que una toxina mezclada en una bebida caliente se absorbería rápidamente. Una hora más tarde hubo una actualización. Navalny estaba en cuidados intensivos. Estaba conectado a un respirador y luchando por su vida. Durante las siguientes horas, las escenas en el hospital de Omsk fueron siniestras, según la crónica del diario The Guardian. De acuerdo con la secretaria Yarmysh, el personal médico inicialmente reconoció que Navalny probablemente había sido envenenado. Pronto, sin embargo, la policía apareció, inundando el pasillo fuera de la habitación del paciente. Después de eso los médicos fueron mucho menos comunicativos. Estaban claramente aterrorizados de hablar. Entonces, ya con la policía rusa dominando el lugar, Anatoly Kalinichenko, médico jefe adjunto del hospital, dijo a los periodistas que el envenenamiento era una probabilidad entre muchas otras.

Mientras tanto, los medios estatales rusos presentaron versiones alternativas de lo que podría haber sucedido según ellos. Sugirieron que Navalny habría bebido demasiado la noche anterior y que había tomado medicación. Esto era falso, dijo Yarmysh. Se trata de otra ficción en la larga campaña anti-Navalny del Kremlin, un blanco fijo de los medios de comunicación que domina Putin.

Ayer por la tarde, la agencia de noticias Interfax citó al portavoz de Vladimir Putin, Dmitry Peskov, diciendo que el Kremlin desea que Navalny se recupere rápidamente y que si necesita salir del país para recibir tratamiento médico, se considerarán las solicitudes. Peskov también instó a "no especular" sobre las causas de la enfermedad de Navalny y a esperar los resultados de las pruebas, según cita el medio The Moscow Times.

"Por supuesto que se trató de un envenenamiento intencional", dijo su secretaria Yarmysh más tarde en una transmisión especial del programa de entrevistas de Navalny en YouTube, presentado por su aliado Vladimir Milov en lugar del líder enfermo. "Cuando estábamos en la ambulancia, los médicos dijeron que eran toxinas y que estaba envenenado".

El sitio web de noticias Meduza citó a la doctora personal de Navalny, Anastasiya Vasiliyeva, que viajó a Omsk, diciendo que sus análisis de sangre mostraban buenos signos pero que no estaba recibiendo "tratamiento de desintoxicación".

El envenenamiento de Navalny trae a la memoria de inmediato el asesinato del exiliado disidente Alexander Litvinenko en Londres en 2006. Dos agentes del Kremlin mataron a Litvinenko usando una sustancia radiactiva, polonio. Como en este caso, el veneno fue vertido en un té que tomó la víctima. Las autoridades rusas se defendieron entonces, alegando que Moscú "no podía ser responsable", ya que el episodio dañaba "la reputación internacional" del país. Ayer, el presentador de TV pro-Putin, Dmitry Kisylov desplegó la misma lógica sobre la condición de Navalny, insinuando que Occidente era el culpable.

Por la tarde, la esposa de Navalny, Yulia _madre de sus dos hijos_ llegó al hospital desde Moscú. Traía con ella a la médica personal de Navalny, Anastasia Vasilyeva. Las autoridades del hospital, sin embargo, se negaron a permitirles entrar en la habitación del paciente. Exigieron "pruebas", como el certificado de matrimonio de que Yulia era su esposa. Finalmente se le permitió entrar.

¿Cuánto sabía Putin de los acontecimientos en el aeropuerto de Tomsk?, se pregunta The Guardian. Si se está ante un complot similar al envenenamiento de Litvinenko, ¿por qué ahora? A diferencia de algunas figuras de la oposición rusa que se han exiliado, Navalny tiene su base en Moscú. Habría sido fácil envenenarlo allí hace meses o incluso años, sostiene Luke Harding, quien firma la nota del diario británico. Es un especialista en la Rusia de Putin.

Pero durante su viaje a Siberia, Navalny había estado llevando a cabo una investigación, así como reuniéndose con candidatos y voluntarios locales, según informó el sitio de noticias local Tayga.Info. "No puedo revelar todos los detalles", se escudó Lyubov Sobol, un aliado suyo, cuando se le preguntó si estaba preparando una exposición. "Pero Navalny estaba en un viaje de trabajo. No se estaba relajando". Sin embargo, añaden sus amigos, es improbable que un gobernador o alcalde siberiano envenene a alguien de la talla de Navalny sin permiso "de arriba". El envenenamiento, añaden, es el método favorito de los servicios secretos del Kremlin, tanto en tiempos de la KGB (a la que perteneció con grado de teniente coronel Putin) como hoy en día. El régimen de Putin está controlado por ex oficiales de la KGB como él. En el último siglo, los espías rusos han perfeccionado formas de administrar venenos invisibles, a veces para advertir, y a veces para matar.

Recientemente Navalny escribió que el tipo de revolución que se está llevando a cabo en la vecina Bielorrusia pronto sucederá en Rusia, barriendo a Putin y a su círculo de la KGB. Las similitudes son obvias. El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, ha estado en el cargo durante 26 años; hace unos meses Putin _en el poder desde hace ya dos décadas_ "ganó" un voto constitucional, lo que le permitió presentarse de nuevo como presidente y extender su gobierno potencialmente hasta 2036. El procedimiento fue muy criticado, tanto dentro como fuera de Rusia, pero Putin tiene el control absoluto y pudo convalidar su poder, ahora virtualmente vitalicio.

Independientemente del destino de Navalny, es poco probable que se descubra la verdad. El sistema judicial y de investigación en Rusia no es independiente. Las muertes anteriores de críticos de alto perfil, como la periodista Anna Politkovskaya, nunca han sido investigadas a fondo. A veces se condena a algunas personas de bajo nivel. Pero los "zakazchiks", los que dan las órdenes, rara vez o nunca son encontrados.

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